{"id":25623,"date":"2023-01-04T11:20:21","date_gmt":"2023-01-04T17:20:21","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=25623"},"modified":"2023-01-04T11:20:21","modified_gmt":"2023-01-04T17:20:21","slug":"historia-y-recuerdos-del-predio-de-san-cayetano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=25623","title":{"rendered":"Historia y recuerdos del predio de San Cayetano"},"content":{"rendered":"<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>ANTECEDENTES. \u2013<\/p>\n<p>Hoy es 4 de enero de 2023, y de conformidad con los datos que en su momento recopilaron los profesores Francisco Hern\u00e1ndez Espinosa y Juan Oseguera Vel\u00e1zquez, fue hace 181 a\u00f1os, en un d\u00eda como \u00e9ste, cuando dieron inicio las actividades de la primera f\u00e1brica de hilados y tejidos que hubo en nuestra regi\u00f3n. F\u00e1brica que durante las ocho d\u00e9cadas siguientes marc\u00f3 la pauta en dicha actividad y dio trabajo directo no s\u00f3lo a centenares de obreros de las cabeceras municipales de Colima y Villa de \u00c1lvarez, sino que propici\u00f3 el cultivo del algod\u00f3n end\u00e9mico en las llanuras costeras de Tecom\u00e1n, Colima; Coahuayana, Michoac\u00e1n y Cihuatl\u00e1n, Jalisco. Un sitio del cual vale la pena la pena hablar, y del que, cuando ya dej\u00f3 de ser una f\u00e1brica, se convirti\u00f3, gracias al acueducto y los grandes \u201ctanques\u201d de agua que hab\u00eda en una de sus partes, primero en una empresa subsidiaria que produc\u00eda energ\u00eda el\u00e9ctrica cuando fallaba la Planta Hidroel\u00e9ctrica de El Remate; y tiempo despu\u00e9s en un popular balneario al que muchos habitantes de Colima y La Villa, de los que hoy ya somos de \u201cla tercera edad\u201d, tuvimos oportunidad de ir en nuestra ni\u00f1ez o en nuestra juventud.<\/p>\n<p>En marzo de 2002, cuando el Ayuntamiento Capitalino, presidido entonces por Enrique Michel Ruiz, financi\u00f3 la publicaci\u00f3n de mi <em>\u201cMonograf\u00eda Municipal de Colima\u201d<\/em>, inclu\u00ed un cap\u00edtulo que titul\u00e9 <em>\u201cLa f\u00e1brica de San Cayetano, esplendor de una \u00e9poca\u201d<\/em>, en el que, motivado por algunas charlas que a\u00f1os atr\u00e1s tuve con dos t\u00edas ancianas que de j\u00f3venes trabajaron en la factor\u00eda, trat\u00e9 de describir un d\u00eda de labores en ella.<\/p>\n<p>Por otra parte, apenas en 2017, haciendo acopio de muchos otros datos, el joven historiador Jos\u00e9 Luis Larios Garc\u00eda, public\u00f3 otro texto referido a dicha f\u00e1brica, con el que ya se puede tener una visi\u00f3n m\u00e1s precisa de ciertos detalles de su operaci\u00f3n y funcionamiento.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, utilizando \u00e9sos y otros datos, hoy tratar\u00e9 de resumir para ustedes un poco al menos de la historia de dicha f\u00e1brica, y de lo que fue y signific\u00f3 para nuestros padres, abuelos y bisabuelos.<\/p>\n<p>COLIMA COMO TERRITORIO Y SU MUY ESCASA POBLACI\u00d3N. \u2013<\/p>\n<p>Al iniciar la d\u00e9cada de 1840, lo que hoy es el estado de Colima segu\u00eda siendo, administrativa y pol\u00edticamente hablando, un Territorio de la Federaci\u00f3n, porque por el escaso n\u00famero de sus habitantes no reun\u00eda los suficientes para ser un estado aut\u00f3nomo. Y en ese contexto, la mayor parte de los casi sesenta mil personas que radicaban en \u00e9l, se distribu\u00edan en algunas cuantas haciendas y no muchos ranchos, mientras que en su capital radicaba de poco menos de la mitad de aquel exiguo n\u00famero.<\/p>\n<p>Prevalec\u00eda, pues, la poblaci\u00f3n rural y, exceptuando a la peque\u00f1a ciudad de Colima, no hab\u00eda ning\u00fan otro pueblo que sobrepasara los mil habitantes, por lo que tampoco hab\u00eda industrias y el diminuto puerto operaba de una manera incipiente, ya que Acapulco, por un lado, y San Blas, por otro, eran los que acaparaban los pocos productos que en esos a\u00f1os se manejaban en el comercio mar\u00edtimo en esta parte del mundo.<\/p>\n<p>En ese contexto, sin embargo, era bien sabido que los matojos de algod\u00f3n nativo, cultivados desde la \u00e9poca prehisp\u00e1nica, se daban muy bien, y que, cuid\u00e1ndolos, no s\u00f3lo crec\u00edan m\u00e1s altos que casi cualquier persona, sino que produc\u00edan varios capullos al a\u00f1o; por lo que desde varios siglos atr\u00e1s la gente sol\u00eda utilizarlos de manera frecuente para sacar hilos e hilaza; con los que, utilizando r\u00fasticos telares \u201cde mano\u201d, sol\u00edan producir algunas telas toscas con las que elaboraban mantas y otras rudimentarias prendas de vestir.<\/p>\n<p>Pero para las fechas en que estamos hablando, ese mismo algod\u00f3n, cultivado y recogido con mucha mano de obra por algunos agricultores de la costa, se sol\u00eda vender en bulto y sin procesar a comerciantes de Guadalajara, de Morelia y algunas poblaciones de Los Altos de Jalisco y El Baj\u00edo, donde seguramente se procesaba en talleres ya m\u00e1s especializados, de los que surg\u00edan mejores telas, que s\u00f3lo pod\u00edan adquirir, por sus costos, las personas m\u00e1s adineradas.<\/p>\n<p>La transportaci\u00f3n del algod\u00f3n desde Colima a esas partes se segu\u00eda haciendo con recuas de mulas o atajos de burros, cuyos arrieros, para no regresar de valde, tra\u00edan otros productos que en Colima no hab\u00eda, y los distribu\u00edan o vend\u00edan en las tiendas locales, completando as\u00ed un circuito comercial.<\/p>\n<p>Pero viendo que toda esta actividad podr\u00eda rendir mayores frutos, no falt\u00f3 gente con iniciativa que, estando un poco m\u00e1s enterada del invento de los telares mec\u00e1nicos y de la existencia de mejores t\u00e9cnicas para el cultivo del algod\u00f3n, comenzara a pensar en la eventualidad de instalar una f\u00e1brica de hilados y tejidos a nivel local. Habiendo sido, seg\u00fan algunas vagas noticias que aparecieron en los documentos de la \u00e9poca, un se\u00f1or de origen espa\u00f1ol, llamado Cayetano G\u00f3mez, el primero que decidi\u00f3 invertir en una empresa fabril, asoci\u00e1ndose posteriormente, y de manera inicial, con los hermanos colimenses Ram\u00f3n y Sixto de la Vega, m\u00e1s un militar que se llamaba Liberato Maldonado.<\/p>\n<p>No sabemos nada, de fijo, de lo que tuvieron ellos que conversar al asociarse, pero es claro que debieron de hablar acerca del capital que necesitar\u00edan para echar a andar dicha f\u00e1brica, de conseguir las indispensables m\u00e1quinas (que no se constru\u00edan en M\u00e9xico), y de contar con una fuente de energ\u00eda que las moviera.<\/p>\n<p>Otra de las inferencias que resulta obligada es que el empresario espa\u00f1ol haya podido ser el socio mayoritario, puesto que, seg\u00fan descubri\u00f3 Jos\u00e9 Luis Larios, la factor\u00eda, que oficialmente qued\u00f3 registrada como \u201cCompa\u00f1\u00eda Industrial de Morelia y del Sur de Jalisco, S. A.\u201d, fue siempre conocida como \u201cLa F\u00e1brica de San Cayetano\u201d.<\/p>\n<p>Por aquel entonces la energ\u00eda el\u00e9ctrica era un fen\u00f3meno desconocido en Colima, pero se ten\u00eda suficiente conocimiento sobre la fuerza motriz que puede proporcionar el agua y, vali\u00e9ndose de la tecnolog\u00eda que para esos efectos se hab\u00eda venido perfeccionando desde la \u00e9poca del Imperio Romano, los fundadores de San Cayetano decidieron que la energ\u00eda que utilizar\u00edan podr\u00eda muy bien obtenerse de la corriente del r\u00edo Colima, por lo que se decidieron a buscar un predio que fuera propicio para tales efectos, y en 1841 compraron una preciosa huerta enclavada en su orilla oriental, al norte de la ciudad, casi a medio camino entre \u00e9sta y la hacienda de La Capacha. Huerta que, seg\u00fan pudo indagar tambi\u00e9n el joven Larios, pertenec\u00eda a los herederos del difunto \u201cJos\u00e9 Cruz, vecino de Almoloyan\u201d.<\/p>\n<p>EL POTRERO Y EL ACUEDUCTO. \u2013<\/p>\n<p>Ese bonito terreno, pegado a la orilla oriental del R\u00edo Colima, al que todav\u00eda me toc\u00f3 conocer, era un paraje m\u00e1s lleno de \u00e1rboles frutales que de vegetaci\u00f3n nativa, y contaba con una acequia que, cavada desde la parte m\u00e1s alta del predio, acarreaba el agua del r\u00edo para regar toda la huerta.<\/p>\n<p>De aquellas antiguas se\u00f1as ya queda muy poco para distinguir, pero para que los actuales lectores ubiquen el sitio, debo decir que \u00e9ste se haya, yendo desde el centro de Colima por la calle Venustiano Carranza hacia El Chanal, un poco al norte de las instalaciones donde ahora existe un colegio particular que tiene un distintivo verde.<\/p>\n<p>Al posesionarse del predio en cuesti\u00f3n, sus nuevos due\u00f1os (que ten\u00edan los suficientes recursos econ\u00f3micos, y las necesarias influencias pol\u00edticas para mover las cosas en la direcci\u00f3n deseada), lo primero que hicieron fue asegurarse de la concesi\u00f3n del agua, puesto que r\u00edo abajo ya hab\u00eda otros beneficiarios que la usaban para regar sus huertas.<\/p>\n<p>El abastecimiento del precioso l\u00edquido no les implicaba ning\u00fan problema durante la \u00e9poca de lluvias en la que incluso sobraba, pero s\u00ed durante la \u00e9poca de estiaje, dado que su escasez podr\u00eda llegar a niveles alarmantes. As\u00ed que, para lograr mejor su objetivo, y para que la producci\u00f3n de los telares no se detuviera, una de las primeras obras que los inversionistas tuvieron que hacer, fue la de construir un acueducto de \u201ccal y canto\u201d (edificado con la misma piedra del r\u00edo) y dos grandes estanques para almacenarla; as\u00ed como un gran pozo en donde instalaron, ya m\u00e1s modernizada, una gigantesca rueda, similar a las que se utilizaban en los antiguos molinos accionados tambi\u00e9n por corrientes fluviales, que media cosa de \u201c42 pies de di\u00e1metro\u201d, equivalentes a poco m\u00e1s de 13 metros. Rueda que generaba suficiente fuerza para mover todos los 60 telares y otras m\u00e1quinas complementarias que se vieron en la necesidad de instalar.<\/p>\n<p>EL ORIGEN DE LA MAQUINARIA. \u2013<\/p>\n<p>En alguna p\u00e1gina que hace algunas d\u00e9cadas le\u00ed descuidadamente, y de la que por lo mismo olvid\u00e9 el autor, se mencionaba que al menos una parte de la maquinaria que se instal\u00f3 inicialmente en San Cayetano hab\u00eda sido mandada traer de una ciudad europea, y hab\u00eda llegado al entonces diminuto puerto de Manzanillo, en un barco procedente de alg\u00fan puerto de Alemania; pero en 1987, un investigador que hasta entonces era un total desconocido en Colima, y que despu\u00e9s lleg\u00f3 a ser famoso y controvertido (me refiero a Servando Ortoll), public\u00f3 un peque\u00f1o y muy interesante libro titulado <em>\u201cPor tierras de cocos y palmeras\u201d<\/em>, en el que incluy\u00f3 una serie de \u201capuntes de viajeros\u201d que estuvieron en alg\u00fan momento en Colima entre finales del siglo XVIII y principios del XX. Y entre los mencionados \u201capuntes\u201d aparece uno, muy bien narrado, por cierto, de un coronel del ej\u00e9rcito estadounidense llamado Albert S. Evans, que contiene una detallada cr\u00f3nica de un viaje que realiz\u00f3 a M\u00e9xico, en 1869, el se\u00f1or Henry William Seward, Secretario de Estado del vecino pa\u00eds del norte. Y en la que, curiosa y coincidentemente comenta que desembarcaron en Manzanillo, y que durante su estancia en Colima visitaron la F\u00e1brica de San Cayetano, cuya maquinaria \u2013 dice- \u201cfue tra\u00edda desde Fall River, en los Estados Unidos\u201d. Una poblaci\u00f3n que yo ignoraba que existiera; pero de la que indagando un poco, acab\u00e9 por enterarme que es una peque\u00f1a ciudad porte\u00f1a con actividad industrial situada al sur de Boston y al norte de Nueva York.<\/p>\n<p>Este dato me desconcert\u00f3 un poco, puesto que se me hac\u00eda muy dif\u00edcil creer que cualquiera de los mencionados socios de la futura f\u00e1brica hubiese podido estar enterado, en aquel tiempo, de la existencia de dicha ciudad. Pero como sab\u00eda que, en aquella \u00e9poca, previa, por supuesto, a la \u201cGuerra de Secesi\u00f3n\u201d, los estados sure\u00f1os produc\u00edan grandes cantidades de algod\u00f3n en bruto mediante el uso masivo de esclavos africanos, y que este producto era industrializado en los estados del norte, comenc\u00e9 a creer que alg\u00fan individuo procedente de aquel pa\u00eds se los hubiera informado. Y un d\u00eda que estaba releyendo <em>\u201cEl Colima de ayer\u00bb,<\/em> del profesor Francisco Hern\u00e1ndez Espinosa, cre\u00ed haber encontrado la clave cuando, a la mitad de la p\u00e1gina 84 apareci\u00f3 el siguiente p\u00e1rrafo:<\/p>\n<p>\u201cUn [ciudadano] norteamericano, don Roberto Barney, propietario de diversas extensiones de terrenos [en Colima], cedi\u00f3 gratuitamente la superficie necesaria [para la instalaci\u00f3n del llamado \u2018Cementerio de los Gringos], escriturando la propiedad probablemente all\u00e1 por el a\u00f1o de 1842\u201d.<\/p>\n<p>Y dicho p\u00e1rrafo me llam\u00f3 la atenci\u00f3n, no s\u00f3lo porque \u00e9se era el mismo a\u00f1o de cuando se fund\u00f3 la f\u00e1brica, sino porque a m\u00ed me toc\u00f3 ver, todav\u00eda de adolescente, los muros que rodeaban aquel antiguo cementerio, ubicado junto al arroyo de Santa Gertrudis, a un kil\u00f3metro al sur de la huerta donde se instalaron los telares.<\/p>\n<p>Este dato, sin embargo, no era suficiente para que mi suposici\u00f3n adquiriera alguna dosis de certeza, pero se dio el caso de que, diez a\u00f1os despu\u00e9s de que Ortoll publicara el libro que ya mencion\u00e9, public\u00f3 otro, titulado <em>\u201cDulces inquietudes, amargos desencantos\u201d,<\/em> que habla de <em>\u201clos colimenses y sus luchas en el siglo XIX\u201d, <\/em>en el que, muy fiel a su costumbre de enriquecer la historia de Colima con testimonios de extranjeros, hizo menci\u00f3n de algunas cartas que rubric\u00f3 en la capital del estado un c\u00f3nsul estadounidense llamado Marvin Wheat, en 1856. Y en una de ellas precisa que, despu\u00e9s de haber ido a presentarle sus saludos y una carta de recomendaci\u00f3n al general don Manuel \u00c1lvarez, \u00e9ste se ofreci\u00f3 a llevarlo, ese mismo d\u00eda \u201cpor la tarde, en su carruaje, a la residencia del se\u00f1or [Albert G.] Barney, <strong>un norteamericano del estado de Massachusetts<\/strong>, situada a tres millas al norte de la ciudad y cerca de la F\u00e1brica de Algod\u00f3n de San Cayetano\u201d.<\/p>\n<p>Complementando esta \u00faltima informaci\u00f3n, otro redactor local anot\u00f3 que el dicho Barney era ingeniero y que fue tambi\u00e9n \u201cuno de los superintendentes de la f\u00e1brica\u201d. As\u00ed que, siendo \u00e9l originario del estado de Massachusetts, ya podr\u00edamos asegurar que fue \u00e9l quien le inform\u00f3 a don Cayetano G\u00f3mez y a los hermanos Ram\u00f3n y Sixto de la Vega en d\u00f3nde podr\u00edan conseguir la maquinaria que necesitaban.<\/p>\n<p>Hace poco, cuando me decid\u00ed a reescribir el texto que sobre San Cayetano publiqu\u00e9 en la <em>Monograf\u00eda Municipal de Colima, <\/em>me puse a indagar en la Internet alg\u00fan otro escrito que me iluminara un poco m\u00e1s sobre la desconocida ciudad estadounidense de la que procedieron las mencionadas m\u00e1quinas, y me encontr\u00e9 un art\u00edculo que se titula: <em>\u201cThe history of cities &amp; towns \u2013 Fall River, Mass.\u201d,<\/em> en el que sint\u00e9ticamente su autor refiere que esta ciudad porte\u00f1a, fundada apenas en 1803, se llen\u00f3 muy pronto de inmigrantes europeos, \u201cmuchos de ellos portugueses\u201d, que fueron llegando a trabajar en las numerosas hilander\u00edas y f\u00e1bricas de telas que se situaron sobre sus riberas, aprovechando la fuerte corriente del Quequechan River (o R\u00edo Quequechan), por el que flu\u00edan unos \u201c26 millones de galones por d\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>El autor agrega que Fall River, pues, jug\u00f3 un papel muy destacado durante el <em>\u201cboom\u201d<\/em> (o \u00e9poca de oro, dir\u00edamos) del algod\u00f3n; llegando al grado de hacer aportaciones a \u201cla Revoluci\u00f3n Industrial\u201d, porque gente que vivi\u00f3 y trabaj\u00f3 all\u00ed \u201cinvent\u00f3 algunos aditamentos [mec\u00e1nicos] para mejorar la producci\u00f3n de sus factor\u00edas\u201d.<\/p>\n<p>El misterio sobre el origen de las m\u00e1quinas estaba pues, resuelto. Pero \u00bfc\u00f3mo llegaron hasta lo que hab\u00eda sido aquella antigua y hermosa huerta?<\/p>\n<p>De eso tendremos, seguramente, que hablar en nuestra pr\u00f3xima colaboraci\u00f3n.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-25623 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25627'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"408\" src=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25627\" srcset=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1.jpg 900w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1-300x191.jpg 300w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1-768x490.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25627'>\n\t\t\t\tEste fue el aspecto del edificio principal de la F\u00e1brica de Hilados y Tejidos de San Cayetano durante su mejor \u00e9poca.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25626'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"438\" src=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25626\" srcset=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2.jpg 900w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2-300x205.jpg 300w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2-768x526.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25626'>\n\t\t\t\tAspecto lateral del antiguo acueducto de San Cayetano.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25625'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"398\" src=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25625\" srcset=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3.jpg 900w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-300x187.jpg 300w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-768x478.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25625'>\n\t\t\t\tLos empresarios que la construyeron edificaron tambi\u00e9n dos grandes tanques de almacenamiento para el agua del R\u00edo Colima.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25624'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"485\" src=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25624\" srcset=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4.jpg 900w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-300x227.jpg 300w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-768x582.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25624'>\n\t\t\t\tCa\u00edda del R\u00edo Quequechan, en la poblaci\u00f3n de Fall River, E. U., de donde fue tra\u00edda la maquinaria que se necesit\u00f3 en la f\u00e1brica.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25628'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"564\" height=\"410\" src=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/5.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25628\" srcset=\"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/5.jpg 564w, http:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/5-300x218.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 564px) 100vw, 564px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25628'>\n\t\t\t\tEn San Cayetano hubo hasta 60 telares que debieron parecerse a \u00e9stos de una hilander\u00eda de Fall River.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Abelardo Ahumada ANTECEDENTES. \u2013 Hoy es 4 de enero de 2023, y de conformidad con los datos que en su momento recopilaron los profesores Francisco Hern\u00e1ndez Espinosa y Juan Oseguera Vel\u00e1zquez, fue hace 181 a\u00f1os, en un d\u00eda como \u00e9ste, cuando dieron inicio las actividades de la primera f\u00e1brica de hilados y tejidos que hubo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":683,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[29,30,28],"class_list":["post-25623","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion","tag-grid","tag-news","tag-slider"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25623"}],"collection":[{"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=25623"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/25623\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/683"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=25623"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=25623"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=25623"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}