{"id":23246,"date":"2022-07-12T23:59:46","date_gmt":"2022-07-13T04:59:46","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=23246"},"modified":"2022-07-13T00:00:43","modified_gmt":"2022-07-13T05:00:43","slug":"colima-y-los-alrededores-de-los-volcanes-en-septiembre-diciembre-de-1810-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=23246","title":{"rendered":"Colima y los alrededores de los Volcanes en septiembre-diciembre de 1810"},"content":{"rendered":"<p>D\u00e9cima segunda parte<\/p>\n<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>LOS TRES TOCAYOS. \u2013<\/p>\n<p>Entre el 22 y el 23 de octubre de 1810, cosa de nueve o diez d\u00edas antes de que se llevaran a cabo los combates de La Barca y Zacoalco, el obispo Caba\u00f1as hizo suyos los edictos de excomuni\u00f3n \u201cfulminados\u201d por Abad y Queipo en Michoac\u00e1n, por el Arzobispo de M\u00e9xico y por la Santa Inquisici\u00f3n en contra de Hidalgo \u201csus secuaces y sus principales sat\u00e9lites\u201d. El 24 imprimi\u00f3 el suyo y, a partir del d\u00eda siguiente, utilizando el sistema de enviar mensajes \u201cpor cordillera\u201d, orden\u00f3 que se distribuyeran copias en todas las parroquias de la di\u00f3cesis. Pero junto con el paquete enviado a la de San Felipe de Jes\u00fas (que lleg\u00f3 a Colima como el d\u00eda 30), iba adem\u00e1s una carta a cuyo contenido me voy a referir un poquito m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>De conformidad con aquellos datos, las copias del Edicto de Excomuni\u00f3n emitido por el Obispo Caba\u00f1as fueron colocadas (como era costumbre) en las puertas del templo principal y de los m\u00e1s grandes de la villa, mientras que las otras fueron enviadas a los de San Francisco de Almoloyan, San Miguel Comala, San Pedro Coquimatl\u00e1n, Santiago Tecom\u00e1n e Ixtlahuac\u00e1n de los Santos Reyes, con la instrucci\u00f3n a sus capellanes de leerlas en p\u00fablico desde los respectivos p\u00falpitos, y de colocarlas despu\u00e9s en las puertas tambi\u00e9n de sus templos o capillas. Por lo que ya nos podemos imaginar el alboroto que se gener\u00f3 con eso, particularmente en la Villa de Colima, en donde 18 a\u00f1os atr\u00e1s, el antiguo rector del famoso Colegio de San Nicol\u00e1s se hab\u00eda desempe\u00f1ado en calidad de p\u00e1rroco.<\/p>\n<p>Y, en cuanto a la carta que mencion\u00e9, \u00e9sta iba dirigida al sucesor de Hidalgo en dicho curato, \u00a0evidenciando el hecho de que Caba\u00f1as ten\u00eda esp\u00edas muy confiables all\u00ed, y <em>ech\u00e1ndole tierra, <\/em>adem\u00e1s,<em> \u00a0<\/em>a otro sacerdote muy querido por los naturales de Almoloyan:<\/p>\n<p>\u201cEstoy informado por un conducto muy seguro de las expresiones seductoras, falsas y subversivas de la tranquilidad p\u00fablica que sin embarazo produce en honor del cura de Dolores, don Miguel Hidalgo, el presb\u00edtero don Jos\u00e9 Antonio Valdovinos, vecino de esa Villa; y en esta atenci\u00f3n <strong>cuidar\u00e1 usted de tener muy a la vista al dicho Valdovinos<\/strong>, y observar de cerca sus expresiones y conducta para darme cuenta de todo ello con oportunidad, procediendo en caso necesario a su captura, poni\u00e9ndolo en lugar seguro y avis\u00e1ndome luego para las ulteriores providencias, procediendo en todo de acuerdo con el juez real\u201d. (Olveda, obra citada, p. 78).<\/p>\n<p>Si los lectores han revisado algunos de los cap\u00edtulos anteriores, posiblemente recordar\u00e1n que el se\u00f1or cura de Colima era el padre Felipe Gonz\u00e1lez de Islas, mientras que padre Valdovinos hab\u00eda sido uno de los tres que participaron en las reuniones que las tardes del 8 y del 9 de octubre realizaron en el camposanto del pueblo \u201clos principales del pueblo de San Francisco de Almoloyan\u201d, a los que se les meti\u00f3 en prisi\u00f3n del 10 al 13. Y que, por lo mismo (pero tal vez desde antes) era sospechoso de simpatizar con \u201cla causa independentista\u201d.<\/p>\n<p>El asunto sin embargo fue que ni el padre Valdovinos ni su tocayo Jos\u00e9 Antonio D\u00edaz (de 57 a\u00f1os en ese tiempo) fueron aprehendidos, pero si bien el primero permaneci\u00f3 en su lugar bajo la vigilancia de Gonz\u00e1lez, a D\u00edaz ya no se le volvi\u00f3 a ver en lo que rest\u00f3 de octubre ni en Almoloyan ni en la Villa de Colima; por lo que se deduce que, harto tal vez de estar observando la injusta realidad en que viv\u00edan sus indios, o sinti\u00e9ndose perseguido y a punto de ser capturado, simplemente desapareci\u00f3 de la escena, sin que ni su jefe, el padre Isidoro Reinoso, o alguien m\u00e1s, supiera de su paradero.<\/p>\n<p>Corroborando este dato, el presb\u00edtero e historiador colimote Florentino V\u00e1zquez Lara, anot\u00f3 que el padre Jos\u00e9 Antonio D\u00edaz, mostr\u00e1ndose \u201cintransigente desde un principio para defender a los indios, y a la causa de la Independencia, dej\u00f3 la sotana y empu\u00f1o las armas\u201d (<em>Comala<\/em>, 1984, p. 44).<\/p>\n<p>Pero, por lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s, es posible creer que se haya retirado a Zapotl\u00e1n el Grande, de donde era originario; y que, ya estando ah\u00ed, habi\u00e9ndose de alg\u00fan modo enterado de los movimientos que estaba realizando <em>El Amo<\/em> Torres, decidi\u00f3 salir a su encuentro con la intenci\u00f3n de presentarse con \u00e9l, top\u00e1ndoselo en Mazamitla o en Cojumatl\u00e1n.<\/p>\n<p>Es evidente que, siendo un desconocido para el guanajuatense y estando en tiempos de guerra, el padre D\u00edaz no pod\u00eda llegar con Torres sin valerse de algunos medios para identificarse, y en ese sentido todo parece indicar que no s\u00f3lo le dijo que Hidalgo y \u00e9l hab\u00edan sido \u201cco-catedr\u00e1ticos en el Colegio de San Nicol\u00e1s\u201d, o que don Miguel lo sucedi\u00f3 como vicerrector en la misma instituci\u00f3n, cuando \u201cse retir\u00f3 a su tierra a recabar la herencia de una capellan\u00eda\u201d; sino que tambi\u00e9n le mostr\u00f3 unas cartas que el penjamense le hab\u00eda enviado desde Dolores algunas semanas atr\u00e1s. Deducci\u00f3n que pude realizar despu\u00e9s de haber le\u00eddo el \u201c<em>Expediente del<\/em> <em>Juicio Sumario contra el bachiller Jos\u00e9 Antonio D\u00edaz, acusado del delito de infidencia<\/em>\u201d, que cuando, ya hab\u00eda sido capturado por los realistas, le levantaron en Guadalajara a partir del 16 de febrero de 1815, y que aparece citado en el libro <em>\u201cDulces inquietudes y amargos desencantos\u201d<\/em> (Servando Ortoll, Colima, 1997, p. 26 y siguientes).<\/p>\n<p>En todo caso, su tambi\u00e9n tocayo Torres parece haber cre\u00eddo, si no todo, una buena parte de lo que D\u00edaz expuso cuando se encontraron, puesto que, no s\u00f3lo lo nombr\u00f3 capell\u00e1n de la fracci\u00f3n del ej\u00e9rcito que le hab\u00eda encomendado a su hijo mayor y al capit\u00e1n Rafael Arteaga, sino que m\u00e1s tarde tendr\u00eda mucho contacto con \u00e9l, como tendremos oportunidad de demostrarlo en cap\u00edtulos posteriores.<\/p>\n<p>LA TOMA DE COLIMA Y EL ESTABLECIMIENTO DE UN GOBIERNO INSURGENTE. \u2013<\/p>\n<p>Pero volviendo al tema que en este cap\u00edtulo nos ocupa, cabe precisar que la comisi\u00f3n que Torres les dio a su hijo mayor, al capit\u00e1n Arteaga y al reci\u00e9n incorporado D\u00edaz, fue la de tomar la Villa de Colima y establecer en ella uno de los primeros ayuntamientos integrados por insurgentes de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Lamentablemente no he podido hallar, en ese sentido, ni un solo documento que nos indique si la ruta que ellos siguieron para ir hacia Colima fue la muy usada del Camino Real que, saliendo de Mazamitla pasaba por Tamazula y Tuxpan; o si, habi\u00e9ndose ido primero ellos con <em>El Amo<\/em>, por la Sierra del Tigre hasta Atoyac, hayan partido enseguida hacia el sur, pasando por Sayula, Zapotl\u00e1n y Tuxpan, o si tomaron veredas un poco m\u00e1s extraviadas para no pasar por ninguno de esos pueblos. Pero muy al margen de este detalle, otro dato que tambi\u00e9n se logra entrever entre toda esa mara\u00f1a de hechos, es que algunos de los milicianos colimotes que formaron parte de la caballer\u00eda del teniente coronel Ignacio Villase\u00f1or, lograron escapar del diluvio de piedras que les echaron encima los dos mil indios del<em> Amo<\/em> Torres a Zacoalco, y que, habi\u00e9ndose apresurado para llegar a Colima, arribaron antes que los insurgentes all\u00e1, con toda probabilidad en el transcurso de la noche del 6 al 7 de noviembre, llevando con ellos la \u00a0devastadora noticia del apedreamiento de no pocos de sus compa\u00f1eros de grupo, investidos como \u201cdefensores de Guadalajara\u201d. Propiciando una especie de convulsi\u00f3n social que se desparram\u00f3 por todos los barrios de la villa, y ranchos y pueblos de los alrededores, pues, como se recordar\u00e1, 500 milicianos radicados en aquellos rumbos hab\u00edan partido de all\u00ed hacia dicha ciudad apenas cinco semanas antes.<\/p>\n<p>Y otro detalle que asimismo se ha podido inferir fue que, as\u00ed como ocurri\u00f3 en Guadalajara con el obispo Caba\u00f1as, los oidores y otras encumbradas personas, algunos miembros de las autoridades locales de Colima y de las familias m\u00e1s poderosas se esfumaron tambi\u00e9n de la villa, a m\u00e1s tardar el mi\u00e9rcoles 7, por cuanto que, seg\u00fan se pudo\u00a0 comprobar documentalmente y con posteriores testimonios, fue el jueves 8 de noviembre, cerca del medio d\u00eda, cuando el grupo insurgente capitaneado por Jos\u00e9 Antonio Torres (hijo) y Rafael Arteaga \u00a0lleg\u00f3 y entr\u00f3 a Colima, \u201csin encontrar mayor oposici\u00f3n\u201d (<em>Cartilla Hist\u00f3rica de Colima<\/em>, Ignacio G. Vizcarra, 1891, p. 22). Entrada que no hubiesen podido verificar de manera pac\u00edfica si los integrantes de la Junta para la Defensa Interior se hubieran mantenido apostados en los parapetos naturales que les proporcionaban las barrancas del Volc\u00e1n.<\/p>\n<p>Corroborando lo escrito por Vizcarra, en la <em>Compilaci\u00f3n de Documentos \u201cColima y la Guerra de la Independencia en Colima\u201d<\/em>, se observa este mensaje:<\/p>\n<p>\u201cAl final de la \u00faltima p\u00e1gina del Libro-borrador de Comunicaciones Oficiales de la Subdelegacion de Colima, correspondiente al a\u00f1o de 1810, consta la siguiente nota: <em>\u201cHasta aqu\u00ed el tiempo y gobierno del Sr. Subdelegado D. Juan Linares, depuesto por el nuevo Gobierno Americano, esto es, por los Comisionados D. Rafael Arteaga y D. Jos\u00e9 Antonio de Torres. &#8212; Colima, ocho de noviembre de mil ochocientos diez, a las dos de la tarde\u201d. <\/em>(Rodr\u00edguez Castellanos, 1911, p. 56).<\/p>\n<p>Adicionalmente Vizcarra maneja del dato de que, si bien los insurgentes no encontraron \u201cmayor oposici\u00f3n\u201d al hacer su \u201cprimera entrada a Colima\u201d, s\u00ed percibieron \u201cun gran desorden, que se aument\u00f3\u201d en la medida de que, indiscriminadamente, como ya ten\u00edan por costumbre hacerlo, sacaron a todos los reos que hab\u00eda en la c\u00e1rcel real. Varios de los que, malacostumbrados como estaban a delinquir, aprovecharon las circunstancias, y se unieron a otros malos insurgentes para dedicarse durante algunas horas al pillaje, y a secuestrar a ciertos criollos y espa\u00f1oles de los que se sospechaba que podr\u00edan sacar buenos rescates.<\/p>\n<p>Todos esos actos tuvieron una percepci\u00f3n, digamos ambivalente, por parte de los residentes locales, en la medida de que unos eran realistas <em>de coraz\u00f3n<\/em>, y otros entusiastas simpatizantes del movimiento independentista. Pero como quiera que fuese, parece ser que hasta los propios Jos\u00e9 Antonio Torres y Rafael Arteaga se percataron de que si sus subordinados se siguieran comportando abusivamente, el desorden y los abusos se volver\u00edan en su contra y, en vez de ganar adeptos para la causa, lo \u00fanico que lograr\u00edan ser\u00eda provocar la animadversi\u00f3n de los colimotes. As\u00ed que buscaron el modo de convocar a los principales que quedaban visibles; lograron reunir a 72, y el 12 de noviembre realizaron una asamblea se propuso y tom\u00f3 el acuerdo de elegir a un ciudadano que, reconocido por su capacidad administrativa y su probidad, fungiera a partir de ese momento, como \u201cTesorero y Depositario de todos los caudales de los europeos presentes y ausentes de esta villa\u201d. (Rodr\u00edguez Castellanos, p. 58). Nombramiento que recay\u00f3 en la persona de \u201cDon Martin de Anguiano, vecino republicano de esta Villa de Colima\u201d. Un individuo bastante singular al que, Torres hijo y Arteaga, en su papel de \u201cComandantes Comisionados de Guerra\u201d y miembros de la \u201cArmada del Excmo. Se\u00f1or Doctor Don Miguel Hidalgo y Costilla, Virrey, Cobernador y Capit\u00e1n General de esta Am\u00e9rica\u201d reconocieron como virtudes propias su \u201cfidelidad, religiosidad, patriotismo y [su] asiento de conducta\u201d (sic), as\u00ed como \u201clos servicios que hab\u00eda hecho\u201d (y les constaba) \u201ca nuestro Rey y a esta Rep\u00fablica\u201d. (Ibidem, p. 57).<\/p>\n<p>Por otra parte, creo que es importante se\u00f1alar que, pese a ser un reconocido enemigo personal del padre Hidalgo, y haber realizado p\u00fablicos y notorios esfuerzos para evitar que sus feligreses simpatizaran con la causa independentista, el p\u00e1rroco Gonz\u00e1lez de Islas no huy\u00f3 de Colima (como s\u00ed lo hizo en Guadalajara el Obispo Caba\u00f1as), sino que permaneci\u00f3 visible en su templo y en su casa. Del mismo modo como lo hicieron tambi\u00e9n los dos frailes dirigentes de Los Juaninos y de Los Mercedarios. Mismos que, respetados en su valer, fueron convocados tambi\u00e9n por Torres y Arteaga, para la elecci\u00f3n del \u201cDepositario de los Bienes de los Ultramarinos\u201d, como igualmente se les llamaba a los espa\u00f1oles peninsulares. Y, segundo, para elegir a las nuevas autoridades del \u00fanico ayuntamiento insurgente de que se tiene registro en la Villa de Colima, el cual qued\u00f3 integrado por:<\/p>\n<p>\u201cSu actual Subdelegado Presidente, D. Jos\u00e9 Sebasti\u00e1n S\u00e1nchez; el Alcalde de primera elecci\u00f3n, D. Jos\u00e9 Vicente D\u00e1valos; el de segunda D. Tiburcio Brizuela; Los Diputados D. Jos\u00e9 Mariano D\u00edaz, Teniente de una de las Compa\u00f1\u00edas de esta Divisi\u00f3n de Milicias del Sur; D. Felipe \u00c1nzar y D. Antonio Moreno; y el S\u00edndico Procurador D. Marcos Silva\u201d (Ibid., p. 66).<\/p>\n<p><em>EL AMO<\/em> RECIBE UNA INVITACI\u00d3N PARA TOMAR PAC\u00cdFICAMENTE GUADALAJARA. \u2013<\/p>\n<p>Pero mientras todo eso estaba sucediendo en Colima, en Guadalajara se hab\u00eda generado un inicial descontrol, ya que, como hicieron patente algunos cronistas e historiadores locales: los primeros individuos que huyeron al enterarse de las derrotas de La Barca y Zacoalco, fueron el obispo Caba\u00f1as, los oidores Recacho y Alva y algunos de los espa\u00f1oles m\u00e1s acaudalados, propiciando con eso que el rid\u00edculo regimiento de \u201cLa Cruzada\u201d se disolviera, y que los integrantes de la Junta Auxiliar de Defensa Interior demostraran su falta de valor y su incapacidad para pelear por la \u201cSanta causa\u201d que hab\u00edan jurado defender.<\/p>\n<p>Vi\u00e9ndose en tales circunstancias, y habi\u00e9ndosele desertado la inmensa mayor\u00eda de los individuos que se alistaron en las milicias tapat\u00edas, el subdelegado Abarca se sali\u00f3 tambi\u00e9n de Guadalajara y se fue a guarecer en San Pedro Tlaquepaque, con una peque\u00f1a guardia de soldados fieles que no llegaba ni a los 120.<\/p>\n<p>As\u00ed que, los criollos que no pudieron (o no quisieron) huir, y se quedaron al frente del Ayuntamiento Tapat\u00edo, se reunieron tambi\u00e9n en su sede para deliberar qu\u00e9 podr\u00edan ellos hacer para evitar un derramamiento de sangre similar al que hab\u00eda ocurrido en Guanajuato y, habiendo tomado nota que a Zacoalco estaban llegando miles de paisanos m\u00e1s que iban a sumarse a la fuerza independentista, concluyeron con que lo \u00fanico y mejor que podr\u00edan ellos hacer, era nombrar una comisi\u00f3n que saliera de la ciudad y viajara hacia el sur con el prop\u00f3sito de negociar con el brigadier Torres Mendoza, la entrada pac\u00edfica de sus huestes a la hermosa ciudad. Comisi\u00f3n que, como lo podremos constatar en la pr\u00f3xima entrega, cumplieron a cabalidad.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-23246 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=23247'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"460\" height=\"600\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/01.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-23247\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/01.jpg 460w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/01-230x300.jpg 230w\" sizes=\"(max-width: 460px) 100vw, 460px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-23247'>\n\t\t\t\t.- Posible ruta que sigui\u00f3 la gente del Amo Torres para irse a tomar la Villa de Colima.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=23248'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/02.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-23248\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/02.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/02-300x225.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/02-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-23248'>\n\t\t\t\t.- Tambi\u00e9n es posible que, no deseando entrar a los pueblos para evitar combates innecesarios, hayan decidido avanzar por veredas un tanto m\u00e1s \u201cextraviadas\u201d.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=23249'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"494\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/03-antiguo-san-juan-de-dios.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-23249\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/03-antiguo-san-juan-de-dios.jpg 795w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/03-antiguo-san-juan-de-dios-300x232.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/03-antiguo-san-juan-de-dios-768x593.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-23249'>\n\t\t\t\t.- Desde que en el transcurso del lunes 5 de noviembre lleg\u00f3 a Guadalajara la noticia de la desastrosa derrota de las tropas realistas en Zacoalco, el obispo, los oidores y algunos de los espa\u00f1oles m\u00e1s acaudalados se dispusieron a partir por el camino de San Blas.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=23250'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"358\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/04.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-23250\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/04.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/04-300x168.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/04-768x429.jpg 768w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/04-800x448.jpg 800w\" 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