{"id":24296,"date":"2022-09-28T14:55:42","date_gmt":"2022-09-28T19:55:42","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24296"},"modified":"2022-09-28T14:58:40","modified_gmt":"2022-09-28T19:58:40","slug":"sismos-pestes-y-vendavales-en-colima-y-sus-alrededores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24296","title":{"rendered":"SISMOS, PESTES Y VENDAVALES EN COLIMA Y SUS ALREDEDORES"},"content":{"rendered":"<p>28 de septiembre de 2022.<\/p>\n<p>Segunda Parte<\/p>\n<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>LA DESPOBLACI\u00d3N QUE PROVOC\u00d3 LA CONQUISTA. \u2013<\/p>\n<p>Suele ocurrir que s\u00f3lo llamamos catastr\u00f3ficos a los fen\u00f3menos naturales que provocan destrucci\u00f3n y muerte en algunas partes del mundo, pero se nos olvida que las guerras en cuanto tal, y las invasiones de un pa\u00eds a otro son, a veces, much\u00edsimo m\u00e1s mort\u00edferas, destructivas y duraderas que cualesquiera de aquellos fen\u00f3menos, por lo que, enfocando el tema con esta otra perspectiva, insisto en que la conquista espa\u00f1ola de esta regi\u00f3n implic\u00f3 la derrota, el sufrimiento, el despojo, la esclavitud y una incontable cantidad de muertes entre la gente nativa. Tal y como se puede observar en no pocos documentos que, a partir de 1525, comienzan a dar muy notables y precisos indicios de lo que estoy hablando. Pero como no es posible (ni pr\u00e1ctico) mencionar todos, s\u00f3lo citar\u00e9 unos cuantos p\u00e1rrafos que de alg\u00fan modo resumen los anteriores, y que redact\u00f3 un enviado del rey de Espa\u00f1a a verificar qu\u00e9 tan ciertas eran las quejas que unos frailes franciscanos le hab\u00edan enviado sobre los terribles e inhumanos tratos que los conquistadores, ya metidos a mineros o a productores agr\u00edcolas o a traficantes de esclavos, comet\u00edan en la Provincia de Colima. He aqu\u00ed, pues, unos en calidad de muestra:<\/p>\n<p>\u00ab[Tras asentarse en Colima] los espa\u00f1oles <strong>les ronceaban los pueblos y les tomaban lo que hallaban y les llevaban cantidades de indios e indias para su servicio<\/strong>\u00ab\u2026<\/p>\n<p>\u201cEntre las causas que [\u2026] provocaron la disminuci\u00f3n y el menoscabo de los indios de Colima, est\u00e1 la grande suma \u00a0[\u2026] de esclavos que de aquellas provincias sacaron los espa\u00f1oles cuando a ellas fueron [\u2026] Sacaron grandes sumas de indios e indias, ni\u00f1os y ni\u00f1as, de tal modo que en muchos pueblos no se quedaban sino los muy viejos e in\u00fatiles [\u2026] Asimismo los servicios personales [que les exig\u00edan] en las minas de oro [\u2026] donde tra\u00edan grandes cuadrillas de [\u2026] mil y hasta dos mil indios [\u2026] haci\u00e9ndolos trabajar con tan poca caridad y refrigerio, como si de parte de nuestra naci\u00f3n no hubiera cristiandad ni temor de Dios [\u2026] Aparte los grandes trabajos que ten\u00edan en llevar los bastimentos, desde veinte leguas y m\u00e1s, a los espa\u00f1oles y a los esclavos en las minas, siendo muchos los que en esto se ocupaban [\u2026] y otros en romper sierras y montes, para abrir caminos a las dichas minas [\u2026] <strong>Incluso para traer los bastimentos a la dicha Villa [\u2026] en donde fui informado que [\u2026] era muy ordinario que los indios durasen ocho o diez d\u00edas de ida y otros tantos de vuelta, pasando grandes sierras y r\u00edos caudalosos con una carga de ma\u00edz, que puesta en la Villa en poder de su amo, no val\u00eda medio real, y se gastaba mucha parte de ello en criar puercos y caballos a costa de la vida de los naturales, los cuales, cuando se les acababa una miseria de comida que suelen llevar, hecha de unos polvos molidos de dicho ma\u00edz (pinole), comen ra\u00edces de \u00e1rboles y agua, y de esta manera, acontece morirse\u00a0 por esos caminos\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>Y como constataciones dram\u00e1ticas que dicho visitador real pudo hacer, dijo tambi\u00e9n como ejemplo: \u201cEn el Valle de Tecom\u00e1n [por ejemplo] hab\u00eda cuatro o cinco mil hombres [hace 33 a\u00f1os] y ahora que lo visit\u00e9 [s\u00f3lo] hab\u00eda hasta (o alrededor de) ciento ochenta\u201d. Mientras que en el vecino \u201cValle de Alima, [donde] me dicen que era tan grande y poblado que su caser\u00edo se extend\u00eda casi una legua y m\u00e1s, [s\u00f3lo] hall\u00e9 ahora un poblezuelo peque\u00f1o de hasta cuarenta casas de indios bien trabajados y enfermos\u201d. (<em>\u201cRelaci\u00f3n Breve y Sumaria de la visita que hizo el Licenciado Lebr\u00f3n de Qui\u00f1ones a doscientos pueblos\u201d, <\/em>Colima, 1988, p. \u00a031 y 32).<\/p>\n<p>Pero, despu\u00e9s de haber referido algunas de las hecatombes que padecieron los ind\u00edgenas de la regi\u00f3n Colima como resultado directo o indirecto de la conquista, pasemos ahora a revisar los&#8230;<\/p>\n<p>CICLONES Y TERREMOTOS. \u2013<\/p>\n<p>El primer terremoto de que se tiene registro hist\u00f3rico en nuestro rumbo ocurri\u00f3 el 27 de mayo de 1563. \u00c9ste, seg\u00fan datos recuperados por el profesor Juan Oseguera Vel\u00e1squez, <em>\u201ctir\u00f3 todas las casas de Navidad <\/em>(antiguo puerto que hoy es Barra de Navidad)<em> por donde met\u00edan mantenimiento y municiones para la armada que se estaba preparando para zarpar a la conquista de Las Filipinas\u201d<\/em>. (Oseguera Vel\u00e1squez, <em>Efem\u00e9rides de Colima y de M\u00e9xico<\/em>, p. 80).<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, a partir del \u201cD\u00eda de los Inocentes de 1566\u201d, el padre franciscano Diego Mu\u00f1oz dej\u00f3 apuntado que hubo un <em>\u201ctemblor grande\u201d,<\/em> seguido de constantes r\u00e9plicas durante nueve d\u00edas continuos. (V\u00e1zquez Lara, <em>Colima Virreinal<\/em>, p. 81).<\/p>\n<p>Muy abundante en terremotos, en ese final del siglo XVI hubo otro entre la noche del 27 y 28 de diciembre de 1568, que \u201cderrib\u00f3 muchas casas y templos de la comarca\u201d. (Ibidem, p. 81).\u00a0 Otro m\u00e1s el 14 de abril de 1574, que \u201ccaus\u00f3 p\u00e9rdidas humanas y da\u00f1os materiales\u201d en la Villa de Colima. (Oseguera, p. 58). Y dos m\u00e1s, fechado el primero el 10 de enero de 1585, y del que se afirma que fue precedido por una \u201cgran una erupci\u00f3n explosiva del Volc\u00e1n de Colima\u201d, cuya ceniza \u201ccubri\u00f3 un \u00e1rea de 30 kil\u00f3metros de di\u00e1metro\u201d alrededor de su cono. (Ibidem, p. 6).<\/p>\n<p>En este mismo sentido quiero a\u00f1adir y comentar un dato muy significativo que tuvo a la vista un inteligent\u00edsimo fraile franciscano, que durante varias semanas de principios de 1587 anduvo de gira por nuestra regi\u00f3n, visitando todos los peque\u00f1os conventos que sus hermanos de la orden hab\u00edan logrado fundar para entonces desde Acaponeta hasta Colima, y luego desde Colima hasta Guadalajara.<\/p>\n<p>Fue conocido como fray Antonio de Ciudad Real, y fung\u00eda como acompa\u00f1ante y amanuense (una especie de secretario particular) de fray Alonso Ponce, el padre prior o comisario de todos los frailes franciscanos en la \u00e9poca. Y escrib\u00eda muy corto, pero concreto y con bastante frescura. Como lo ver\u00e1n al leer el siguiente reporte que \u00e9l escribi\u00f3 uno o dos d\u00edas despu\u00e9s de haber estado de visita tanto en el ya desde entonces bonito poblado ind\u00edgena de Comala, como en el Convento de San Francisco de Almoloyan durante el 19 y 20 de febrero:<\/p>\n<p>\u201cEl convento se iba haciendo [otra vez] de aposentos bajos, de adobes y cubiertos de paja, <strong>porque el antiguo, que era de cal y canto (piedra de r\u00edo), se hab\u00eda ca\u00eddo los a\u00f1os pasados con un gran temblor de tierra, y (porque) habiendo despu\u00e9s hecho otro de madera, se quem\u00f3 con el fuego que vino de una [\u2026] dehesa (pastizal o potrero), sin poder remediarse\u201d.<\/strong> (Antonio de Ciudad Real, <em>Tratado Curioso y Docto de las Grandezas de la Nueva Espa\u00f1a<\/em>, UNAM, M\u00e9xico, 1976, p. 143).<\/p>\n<p>Por otra parte, y para dar noticia del \u00faltimo terremoto importante del aquel siglo en nuestra regi\u00f3n, cabr\u00eda decir que ocurri\u00f3 \u201cla noche del s\u00e1bado 13 de enero de 1590\u201d habiendo afectado muy \u201cfuertemente a Autl\u00e1n\u201d, y habiendo estado igualmente acompa\u00f1ado \u201cde una erupci\u00f3n que llev\u00f3 consigo una fuerte lluvia de cenizas\u201d. (V\u00e1zquez Lara, p. 83).<\/p>\n<p>Los registros que aparecen en los \u201cLibros de Gobierno\u201d de los Archivos Parroquiales del Obispado de Colima que fueron usualmente consultados por este peculiar historiador, abundan en datos muy concretos tocante a m\u00e1s fen\u00f3menos tel\u00faricos y otros con que aparecieron asociados. As\u00ed, por ejemplo, dice que, tras iniciar el siglo XVII, en 1616 hubo dos seguiditos, el 15 y el 16 de abril, y que cuando ya no se sospechaba que pudiese ocurrir otro sino hasta dentro de varios a\u00f1os despu\u00e9s, acaeci\u00f3 uno m\u00e1s el 10 de junio de ese mismo a\u00f1o, \u201caunado -seg\u00fan eso- a un eclipse de sol\u201d. Se\u00f1alando que en 1625 se suscit\u00f3 otro sismo m\u00e1s \u201cque derrib\u00f3 algunas iglesias y construcciones de la Villa\u201d de Colima. (Ibidem, p. 82). Que el 28 de febrero de 1632 aconteci\u00f3 otro, fort\u00edsimo, \u201cdespu\u00e9s de un eclipse solar\u201d, y uno devastador el d\u00eda de San Jos\u00e9 (19 de marzo) de 1660, que \u201cderrib\u00f3 todos los templos y muchas fincas de la regi\u00f3n\u201d. (Ibid., p. 82).<\/p>\n<p>INCENDIOS QUE AHUYENTAN. \u2013<\/p>\n<p>Y por si fueran pocos los sustos que los sismos, las erupciones y los terremotos provocaron entre nuestros antiguos paisanos, hubo adem\u00e1s frecuentes ciclones y no pocos incendios que provocaron incluso la desolaci\u00f3n de algunas \u00e1reas.<\/p>\n<p>Ya hab\u00edamos hablado del incendi\u00f3 que seg\u00fan el reporte de Ciudad Real consumi\u00f3 el segundo edificio del Convento de San Francisco y algunas casas aleda\u00f1as en una fecha anterior a 1587, pero ahora cabe adelantar que el 17 de noviembre de 1600 hubo uno que \u201cconsumi\u00f3 muchas casas de la villa\u201d y provoc\u00f3 la emigraci\u00f3n de varios de sus moradores. (Guzm\u00e1n Nava, <em>La Colonia,<\/em> Gobierno del Estado, 1973, p. 169).<\/p>\n<p>Se sabe adem\u00e1s que algunos de aquellos vecinos fueron presa de la desilusi\u00f3n debido a que, como lo coment\u00f3 un testigo de los hechos: \u201cEn esta Villa son muy trabajosas y costosas de sustentar las casas de vivienda, porque son de paja y todos los a\u00f1os hay que renovarlas&#8230; y por los incendios que han ocurrido de pocos a\u00f1os a esta parte\u201d. (Magdalena Escobosa Hass, <em>Los Mercedarios en Colima,<\/em> Gobierno del Estado, 1999, p. 24).<\/p>\n<p>Para completar el cuadro, al promediar el a\u00f1o de 1612, \u201crecibi\u00f3se en la Villa de Colima un Mandamiento\u201d enviado y firmado por \u201cel presidente y oidor decano de la Real Audiencia de M\u00e9xico, licenciado, don Pedro de Ot\u00e1lora [\u2026] ordenando la tala total de los palmares de cocos en toda esa provincia\u201d (Felipe Sevilla del R\u00edo, <em>Probanza de Colima,<\/em> Editorial Jus, S. A., 1977, p. 9). Con el enga\u00f1oso argumento de que la tala se ordenaba como un medio necesario para evitar que los indios y los espa\u00f1oles residentes en la regi\u00f3n se embriagaran con el vino de coco o de tuba que hac\u00edan. Siendo que la verdadera causa era porque ese aguardiente (al que equ\u00edvocamente llamaban \u2018vino de cocos\u2019) le hac\u00eda una muy fuerte competencia inclusive en Guadalajara y Valladolid, al vino (\u00e9se s\u00ed de uva) que algunos comerciantes influyentes importaban desde Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, aunque por aquella \u00e9poca las salinas estaban en cierto apogeo, ya hab\u00eda tambi\u00e9n\u00a0 producci\u00f3n en muchas huertas de cacao y exist\u00edan varios peque\u00f1os trapiches que procesaban los jugos de la ca\u00f1a de az\u00facar, cabe resaltar que los palmares eran tambi\u00e9n un puntal importante de la econom\u00eda local, representando para varios de sus habitantes un buen complemento para sus ingresos, y para otros el \u00fanico medio para subsistir. As\u00ed que no queriendo perder unos, y no queriendo quedar arruinados, otros, se reunieron con las autoridades locales y las amenazaron con abandonar la villa y dejar al puerto de Salagua sin la protecci\u00f3n que por lo regular la brindaban.<\/p>\n<p>Presionados as\u00ed, el Alcalde Mayor, el Procurador de Vecinos y los miembros del Cabildo tuvieron que moverse para buscar el modo de combatir la determinaci\u00f3n de la Real Audiencia. Logrando que no se talaran los palmares pero no que quitaran la prohibici\u00f3n para elaborar el referido \u201cvino de cocos\u201d. Prohibici\u00f3n que 14 a\u00f1os despu\u00e9s tuvo, finalmente, que levantar el virrey en turno, puesto que durante la temporada lluviosa de 1626 se present\u00f3 en Colima un terrible hurac\u00e1n que acab\u00f3 por descorazonar a los moradores de la regi\u00f3n. Un documento oficial fechado el 4 de marzo de 1627 dice al respecto lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cEl Capit\u00e1n Domingo Vela de Grijalva, vecino de la Villa de Colima, por s\u00ed y en nombre de los dem\u00e1s vecinos de ella, me hizo relaci\u00f3n que el a\u00f1o pr\u00f3ximo pasado de mil seiscientos veintis\u00e9is, <strong>corri\u00f3 un hurac\u00e1n tan recio que derrib\u00f3 y arranc\u00f3 todos los \u00e1rboles de cacao, palmas de coco, frutales y ca\u00f1averales de aquellos valles, dej\u00e1ndolos asolados, a cuya causa muchos de los vecinos, viendo destruidas sus haciendas con que se sustentaban y obligados a trabajar de nuevo, se resolvieron a irse a otras provincias donde les pareci\u00f3 ten\u00edan mejores comodidades [<\/strong>&#8230;] por lo que [&#8230;] Don Juan de S\u00e1mano Qui\u00f1\u00f3nez, Alcalde Mayor y capit\u00e1n de guerra de aquella provincia [&#8230;] les requiri\u00f3 que no se desavecindasen de ella ni la desamparasen hasta (no hablar con el virrey de eso)\u201d. (Guzm\u00e1n Nava, p. 172-173).<\/p>\n<p>Al enterarse de tama\u00f1os destrozos, el Marqu\u00e9s de Serralvo, Virrey entonces, les volvi\u00f3 a autorizar la siembra de palmeras y la venta de vino de coco para impedir que los habitantes de Colima cumplieran su prop\u00f3sito de mudarse a otra parte. Est\u00edmulo que aun cuando de pronto los detuvo ah\u00ed, al continuar las cat\u00e1strofes menudeando, no pudo evitar que algunos se ellos siguieron con la idea de irse.<\/p>\n<p>Y esa intenci\u00f3n se les renov\u00f3 a varios tras el fort\u00edsimo y devastador incendio que asol\u00f3 a la empobrecida villa el 15 de marzo de 1658, <strong>quem\u00e1ndose \u201ccuarenta de las cincuenta y dos casas\u201d existentes,<\/strong> aparte de que murieron cuatro personas y resultaron con heridas y quemaduras varias m\u00e1s.<\/p>\n<p>Como consecuencia del incendio, los desesperados vecinos que pasaban los d\u00edas y las noches acogidos bajo la precaria o limitada protecci\u00f3n que les pod\u00edan brindar los \u00e1rboles que no se quemaron, comenzaron a externar su decisi\u00f3n de irse a otra parte, por lo que Alonso Orej\u00f3n, alcalde mayor, se vio precisado \u201ca publicar un bando en el que [por lo pronto] se prohib\u00eda abandonar la villa sin su permiso y bajo severas penas\u201d. (Ibidem, p. 173).<\/p>\n<p>En esas circunstancias estaban cuando, no hallando sobre La Tierra nada que los protegiera de tanta calamidad, nuestros antepasados clamaron al cielo en busca de protecci\u00f3n y solicitaron la venia de un santo que decidiera tomarlos como sus protegidos. De eso, sin embargo, les hablar\u00e9 despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-24296 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24297'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"473\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/01-viruela-codice-florentino.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24297\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/01-viruela-codice-florentino.jpg 848w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/01-viruela-codice-florentino-300x222.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/01-viruela-codice-florentino-768x568.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24297'>\n\t\t\t\tEsta imagen tomada del C\u00f3dice Florentino nos \u201cretrata\u201d una escena de la epidemia de viruela negra, que provoc\u00f3 millones de muertos en gran parte de lo que ahora es M\u00e9xico.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24298'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"376\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/02.bmp\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24298\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24298'>\n\t\t\t\tVarias veces ha sido construidos y derrumbados (por terremotos) algunos de los templos de Colima, como es el caso del ex convento de San Francisco.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24299'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"439\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/03.bmp\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24299\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24299'>\n\t\t\t\tEl Capit\u00e1n Domingo Vela de Grijalva, vecino de la Villa de Colima, declar\u00f3 en 1627: \u201cEl a\u00f1o pasado (1626) corri\u00f3 un hurac\u00e1n tan recio que derrib\u00f3 y arranc\u00f3 todos los \u00e1rboles de cacao, palmas de coco, frutales y ca\u00f1averales de aquellos valles\u201d.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24300'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"480\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/04.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24300\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/04.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/04-300x225.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/04-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24300'>\n\t\t\t\tLos r\u00edos y arroyos que atraviesan el territorio colimote, y que de tanto en tanto experimentan crecientes excepcionales, han dejado asimismo pruebas del papel destructivo que tienen. \n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>28 de septiembre de 2022. Segunda Parte Abelardo Ahumada LA DESPOBLACI\u00d3N QUE PROVOC\u00d3 LA CONQUISTA. \u2013 Suele ocurrir que s\u00f3lo llamamos catastr\u00f3ficos a los fen\u00f3menos naturales que provocan destrucci\u00f3n y muerte en algunas partes del mundo, pero se nos olvida que las guerras en cuanto tal, y las invasiones de un pa\u00eds a otro son,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":683,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[29,30,28],"class_list":["post-24296","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion","tag-grid","tag-news","tag-slider"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/24296"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=24296"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/24296\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/683"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=24296"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=24296"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=24296"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}