{"id":24519,"date":"2022-10-11T22:51:31","date_gmt":"2022-10-12T03:51:31","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24519"},"modified":"2022-10-11T22:52:17","modified_gmt":"2022-10-12T03:52:17","slug":"sismos-pestes-y-vendavales-en-colima-y-sus-alrededores-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24519","title":{"rendered":"Sismos, pestes y vendavales en Colima y sus alrededores 4"},"content":{"rendered":"<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>MAREMOTO EN TIEMPOS DE GUERRA. \u2013<\/p>\n<p>En octubre de 1810, cuatro a\u00f1os despu\u00e9s del demoledor terremoto del 25 de marzo de 1806, m\u00e1s de 500 individuos que habitaban en la Villa de Colima y en los pueblos indios dependientes del curato de San Francisco de Almoloyan se involucraron en uno y otro bandos de la Guerra de Independencia y para la primera mitad de noviembre ya sumaban m\u00e1s de 200 las bajas que entre ellos se hab\u00edan reportado a sus familias.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, y sin que el movimiento amainara y cesaran las muertes en combate o por ahorcamientos y fusilamientos, el 15 de octubre de 1812, un cicl\u00f3n devastador se acerc\u00f3 a nuestras costas y provoc\u00f3 la salida del mar en varias playas. Cuentan las cr\u00f3nicas que el hurac\u00e1n arras\u00f3 con todo lo reconstruido desde el anterior de 1790 y victim\u00f3 a varios cientos de nuestros antiguos paisanos. El profesor Oseguera rescat\u00f3, sobre esta fecha, un testimonio escrito que dec\u00eda que el hurac\u00e1n hab\u00eda sido tan fuerte que: <em>\u201cLos \u00e1rboles eran arrancados de cuajo\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Y sin que se nos olviden todas las calamidades que el movimiento armado produjo en la regi\u00f3n, y de las cuales hablo con detalle en mi libro <em>\u201cLa Participaci\u00f3n de Colima en las luchas por la Independencia\u201d<\/em>, publicado en septiembre de 2010, debo se\u00f1alar que, casi por puro cansancio de los insurgentes, el movimiento revolucionario en Colima se detuvo en la primavera de 1814. Tiempo en el que los sobrevivientes de bando realista y la gente que no sali\u00f3 a pelear se dedicaron a reconstruir lo que la guerra y el abandono hab\u00edan arruinado. Labores de reconstrucci\u00f3n que, seg\u00fan investigaciones realizadas por el padre V\u00e1zquez Lara, fueron infructuosas en la franja costera de Ixtlahuac\u00e1n y Tecom\u00e1n, debido a que un gran sismo acaecido al promediar noviembre de 1816 provoc\u00f3 un gigantesco tsunami que desbarat\u00f3 (o llen\u00f3 de tierra) todas las salinas que hab\u00eda por entonces entre la desembocadura del R\u00edo Grande y la regi\u00f3n colindante de Michoac\u00e1n.<\/p>\n<p>Una prueba documental rescatada por dicho historiador en el folio # 80 del antiguo <em>\u201cLibro<\/em> <em>de la Cofrad\u00eda de la Candelaria<\/em>, del Archivo Parroquial de Caxitl\u00e1n-Tecom\u00e1n, consiste en un v\u00edvido testimonio escrito por el padre Jos\u00e9 Antonio Enr\u00edquez del Castillo, p\u00e1rroco de dicho lugar, que vale la pena conocer:<\/p>\n<p>\u201cEl d\u00eda 13 de noviembre del a\u00f1o de 1816, a las dos de la ma\u00f1ana, sali\u00f3 el mar con tanta prosperidad y fiereza que tra\u00eda el alto de 60 codos; el que s\u00f3lo por milagro que yo he presenciado (que ratifico, creo y venero), hizo retroceso el agua&#8230; [la cual] aniquil\u00f3 todas las trojes de sal, quedado arruinados y arenados todos los salitres; con lo que han cesado los arriendos de los pozos de esta Cofrad\u00eda, hasta que se repongan\u201d.<\/p>\n<p>Otro dato dice que \u201cel mar se sali\u00f3 m\u00e1s de seiscientos pasos\u201d. Y para darnos una idea m\u00e1s puntual del tama\u00f1o de la gigantesca ola que el padre Enr\u00edquez vio desplazarse m\u00e1s all\u00e1 de los m\u00e9danos de las playas tecomenses, V\u00e1zquez Lara calcul\u00f3 que si los 60 codos a que hizo referencia su colega eran del sistema castellano (41.8 cm por codo) equivaldr\u00edan a un 25 metros de alto. Pero, aunque fueran 15 aquello debi\u00f3 ser espantoso visto en tierra.<\/p>\n<p>Dicho fen\u00f3meno no caus\u00f3, sin embargo, muchas v\u00edctimas humanas porque, como sigue siendo costumbre, todas las salinas de nuestras costas se quedan casi totalmente deshabitadas desde mediados de junio (con el inicio del temporal lluvioso) hasta finales de febrero del a\u00f1o siguiente. Aunque lo catastr\u00f3fico que s\u00ed tuvo consisti\u00f3 en que, siendo la producci\u00f3n de sal \u201cel ramo fuerte de la econom\u00eda de la Villa de Colima y sus pueblos\u201d, al haber sido destruidas todas las trojes donde la guardaban, y al haber quedado tapados con arena y lodo muchos pozos donde la produc\u00edan, ni los salineros ni sus peones se pudieron recuperar de ese golpe durante a\u00f1os.<\/p>\n<p>CIERRE TEL\u00daRICO DE LA GUERRA. \u2013<\/p>\n<p>Y <em>para completar el cuadro, <\/em>las cr\u00f3nicas que a\u00fan se conservan de aquellos a\u00f1os nos dicen que muy cerca de las 3 de la madrugada del 31 de mayo de 1818, un fort\u00edsimo terremoto se dej\u00f3 sentir desde las playas de la costa hasta unos cuantas leguas m\u00e1s al norte de la ciudad de Guadalajara, en donde, entre los da\u00f1os m\u00e1s notables se registr\u00f3 la ca\u00edda de las primeras torres que tuvo la catedral del extenso obispado, mientras que, por lo que corresponde a Colima cabe citar, por ejemplo, un p\u00e1rrafo estrujante que, impactado todav\u00eda por el terror y casi rayando en la locura, redact\u00f3 el sacerdote colimense Jos\u00e9 Eugenio Bravo: \u201c89 muertos, las casas derruidas, los heridos, las viudas y hu\u00e9rfanos, la vida a la intemperie, el silencio del paisaje y los aullidos de los perros\u201d.<\/p>\n<p>La gente, a esa hora, en su mayor\u00eda estaba dormida, y eso caus\u00f3 que hubiese numerosos muertos y heridos, sin contar que entre los da\u00f1os reportados posteriormente se contaron varias iglesias, como la de San Miguel, Comala, y la que hab\u00eda sido sede del convento de San Francisco de Almoloyan, los cuales, junto con la mayor\u00eda de las casas del pueblo, quedaron muy destruidas; al grado de que, viendo que ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil levantar un templo nuevo que reconstruir el antiguo, don Jos\u00e9 Mar\u00eda Jer\u00f3nimo Arzac, p\u00e1rroco de all\u00ed mismo, decidi\u00f3 recoger lo muy poco que qued\u00f3 rescatable y se lo llev\u00f3 a un barrio orillero poblado de criollos y lleno de huertas de palma de coco, ubicado en el Llano de los Mart\u00ednez, para fundar all\u00ed la nueva parroquia. Hecho que dio lugar al nacimiento de la Villa de Almoloyan, denominada despu\u00e9s como Villa de \u00c1lvarez.<\/p>\n<p>Por su parte, el 13 de junio inmediato, don Juan Linares, antiguo combatidor de insurgentes y de nueva cuenta subdelegado de Colima, envi\u00f3 al general Jos\u00e9 de la Cruz, gobernador de la intendencia, un informe oficial en el que se comenta que los violentos movimientos que provoc\u00f3 el sismo se dejaron sentir \u201ca la misma hora en toda la jurisdicci\u00f3n\u201d, y va dando pormenores de los da\u00f1os en la Villa de Colima, los pueblos y las haciendas que aqu\u00e9lla abarcaba: Ixtlahuac\u00e1n, Tecom\u00e1n, Coquimatl\u00e1n, Juchit\u00e1n (por Suchitl\u00e1n), Quizalapa (hoy El Chical), Zacualpan, Juluapan, Tamala, Comala, las salinas de Cuyutl\u00e1n y Coahuayana y las haciendas de La Huerta, La Estancia, El Trapiche y Los Pastores.<\/p>\n<p>Una revisi\u00f3n completa de su contenido nos hace saber que todas las iglesias, grandes o chicas que hab\u00eda en cada lugar ,experimentaron fuertes da\u00f1os, y que las que no se cayeron completamente quedaron casi del todo inservibles. Dice igual que se derrumbaron la mayor\u00eda de las casas de habitaci\u00f3n, incluidas las de madera y zacate; habiendo quedado s\u00f3lo en pie las m\u00e1s chicas y las que no pasaban de ser simples ramadas. Que se abrieron muchas grietas en el suelo de distinta hondura y grosor, y que de las m\u00e1s hondas y anchas (de una vara de ancho, explica), \u201cbrot\u00f3 y corri\u00f3 el agua\u201d. Muy precisamente en Tecom\u00e1n e Ixtlahuacan:<\/p>\n<p>\u201cEn las salinas de Cuyutl\u00e1n \u2013 refiere Linares-, donde se estaba acabando de fabricar la sal, se sali\u00f3 de su centro la mar [\u2026] con mucha irritaci\u00f3n. Se abri\u00f3 la tierra en muchas partes, brot\u00f3 el agua y se volvi\u00f3 a cerrar. Los pozos de fabricar las sal cayeron y quedaron aterrados, inservibles. [Y] los otros, donde se toma el agua para la misma f\u00e1brica [que se llamaban <em>tajos<\/em>], que tienen como dos varas de hondos, echaron fuera bastante agua que corri\u00f3 de cada uno de ellos. Las ramadas y casas, que todas son de zacate, cayeron; y las trojes donde se encierra la sal, cayeron unas y reventaron otras, brotando para arriba la sal, que qued\u00f3 desparramada en los suelos\u201d.<\/p>\n<p>En todos los ranchos y haciendas se desmoronaron las cercas de piedra; por lo que los agricultores y ganaderos que ten\u00edan circundados potreros y sembrad\u00edos sufrieron grandes p\u00e9rdidas tambi\u00e9n. Pero como si a la naturaleza no le hubiese bastado lo anterior para demostrar su fuerza, en la Villa de Colima y sus alrededores \u201cempezaron a caer recios aguaceros desde\u201d el ocho de junio (el reporte trae fecha 13), \u201ccon los cuales siguen cayendo parte de los edificios que antes se manten\u00edan en pie, y creciendo la consternaci\u00f3n, cuidados e incomodidades entre estos habitantes\u201d. Habi\u00e9ndose experimentado la \u00faltima de varias otras r\u00e9plicas del temblor a \u201clas nueve de la noche del [d\u00eda] diez del presente [mes]\u201d.<\/p>\n<p>DOS EPIDEMIAS DE C\u00d3LERA. \u2013<\/p>\n<p>Quince a\u00f1os despu\u00e9s de aquella dolorosa cat\u00e1strofe, en la temporada de lluvias de 1833 dio inicio otra m\u00e1s: se trataba entonces de una epidemia de c\u00f3lera que, no habiendo condiciones sanitarias con qu\u00e9 controlarla, provoc\u00f3 varios cientos de muertos en la entidad. Epidemia que por decirlo as\u00ed se repiti\u00f3 con menos rigor a mediados de 1850, reconoci\u00e9ndose entre quienes tuvieron la oportunidad de sobrevivir la una y la otra, como \u201cEl C\u00f3lera Grande\u201d, la de 1833, y \u201cEl C\u00f3lera Chico\u201d, la otra.<\/p>\n<p>Y un poco con la intenci\u00f3n de que nos demos cuenta de los alcances de las dos epidemias, quiero volver a citar al padre Florentino V\u00e1zquez Lara quien, tras revisar \u201c<em>el primer libro de Defunciones<\/em>\u201d que se conserva en el archivo parroquial de San Miguel Comala, intitulado: \u201c<em>Libro 4\u00b0 de Entierros de la Iglesia de Comala<\/em>\u201d, explic\u00f3 que por aquellos a\u00f1os la costumbre de los comaltecos era la de sepultar a sus muertos \u201cen el cementerio de esta Iglesia\u201d, que estaba situado en el atrio y al menos una de sus partes laterales. Y que, cuando fallec\u00edan algunos ind\u00edgenas y moradores de los ranchos de los alrededores, sus familiares o conocidos estaban obligados a darles parte a los \u201cfiscales indios [\u2026] de Suchitl\u00e1n, Juluapan y Zacualpan\u201d, para que \u00e9stos los autorizaran a darles sepultura en los camposantos anexos a cada una de aquellas capillas, debiendo ellos mismos avisar posteriormente a las autoridades civiles y al cura de Comala. Pero al referirse \u00fanicamente a la manifestaci\u00f3n y los da\u00f1os que provoc\u00f3 el<em> C\u00f3lera Grande <\/em>tuvo en ese pueblo y parroquia, un cura apellidado Mora, dej\u00f3 escrito que como ya no cab\u00edan los cuerpos de los muertos en el camposanto del templo de Comala:<\/p>\n<p>\u201cEl 24 de agosto del A\u00f1o de 1833, con acuerdo del Noble Ayuntamiento de esta Municipalidad, se estableci\u00f3 un sitio el cual se denomina Campo Santo de San Juan Bautista, el cual es con objeto de sepultar en \u00e9l los cuerpos de quienes fallecieron en el tiempo de la epid\u00e9mica enfermedad del c\u00f3lera &#8230; a fin de evitar el contagio que se pudiera experimentar sepultando en la Iglesia, lo que asent\u00e9 por raz\u00f3n y rubriqu\u00e9\u201d.<\/p>\n<p>Nov\u00edsimo e improvisado cementerio en el que \u2013 contin\u00faan las notas del padre V\u00e1zquez Lara -, entre el 24 de agosto y el 22 de octubre de ese mismo a\u00f1o, fueron sepultadas 210 v\u00edctimas de la mortal epidemia \u00a1s\u00f3lo en el entonces diminuto pueblo de Comala!<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-24519 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24520'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"381\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/1.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24520\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/1.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/1-300x179.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/1-768x457.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24520'>\n\t\t\t\tEl tsunami de 1816 llen\u00f3 de tierra y arena todos los pozos salineros de Tecom\u00e1n, Ixtlahuac\u00e1n (que por entonces llegaba al mar) y Coahuayana. \n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24521'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"412\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/dos.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24521\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/dos.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/dos-300x193.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/dos-768x494.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24521'>\n\t\t\t\t\u2013 El terremoto del 31 de mayo de 1818 desbarat\u00f3 lo que quedaba del antiguo convento de San Francisco de Almoloyan.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24522'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"401\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/3.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24522\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/3.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/3-300x188.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/3-768x481.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24522'>\n\t\t\t\t.- Una mortal epidemia de c\u00f3lera se abati\u00f3 sobre la regi\u00f3n en 1833, provocando miles de muertos.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24523'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"847\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/4.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24523\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/4.jpg 680w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/4-227x300.jpg 227w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24523'>\n\t\t\t\t.- S\u00f3lo en el peque\u00f1o pueblo de Comala hubo 210 v\u00edctimas en la epidemia de \u201cEl C\u00f3lera Grande\u201d.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Abelardo Ahumada MAREMOTO EN TIEMPOS DE GUERRA. \u2013 En octubre de 1810, cuatro a\u00f1os despu\u00e9s del demoledor terremoto del 25 de marzo de 1806, m\u00e1s de 500 individuos que habitaban en la Villa de Colima y en los pueblos indios dependientes del curato de San Francisco de Almoloyan se involucraron en uno y otro 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