{"id":24805,"date":"2022-11-02T01:20:02","date_gmt":"2022-11-02T07:20:02","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24805"},"modified":"2022-11-02T01:20:25","modified_gmt":"2022-11-02T07:20:25","slug":"sismos-pestes-y-vendavales-en-colima-y-sus-alrededores-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24805","title":{"rendered":"Sismos, pestes y vendavales en Colima y sus alrededores"},"content":{"rendered":"<p><em>S\u00e9ptima parte<\/em><\/p>\n<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>EL SEGUNDO BROTE DE LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA. \u2013<\/p>\n<p>Pese a todo lo que llevamos visto, nunca ocurri\u00f3 que durante el brote de la epidemia de \u201cfiebre amarilla\u201d 0acaecido en 1883, los sepultureros se vieran imposibilitados para \u201ccavar las fosas necesarias\u201d en el cementerio municipal. Como s\u00ed ocurri\u00f3, sin embargo, durante el verano de 1884.<\/p>\n<p>Pero no adelantemos v\u00edsperas y enter\u00e9monos, mejor, de algunos otros interesantes eventos ocurridos a la par que aqu\u00e9llos:<\/p>\n<p>El primero al que me quiero referir lo sac\u00f3 a la luz en 1988, la entonces muy joven investigadora Dhylva L. Casta\u00f1eda Campos, en el Cap\u00edtulo IV de un libro colectivo del Archivo Hist\u00f3rico Municipal de Colima, dirigido por Jos\u00e9 Miguel Romero de Sol\u00eds, que se titula <em>\u201cLos a\u00f1os de crisis de hace cien a\u00f1os, Colima 1880-1889\u201d.<\/em><\/p>\n<p>El subt\u00edtulo que Dhylva utiliz\u00f3 se refiere precisamente <em>\u201cLa Fiebre Amarilla y sus repercusiones\u201d<\/em> [principalmente en Manzanillo y Colima]. Y en \u00e9l menciona de forma puntual que aun cuando las autoridades estatales negaron que la enfermedad que estaba pegando en Manzanillo fuera contagiosa, y se tratara de dicha fiebre, <strong>en septiembre de 1883 ordenaron la colocaci\u00f3n de un \u201ccord\u00f3n sanitario\u201d junto a la Hacienda de Periquillos, en la ribera del Armer\u00eda para evitar que la gente que ven\u00eda huyendo de Manzanillo llegara a Colima.<\/strong><\/p>\n<p>La investigadora se pregunt\u00f3 en ese trabajo por qu\u00e9, pese a haber dado los avisos que se comentaron, las autoridades de la \u00e9poca trataron de impedir o al menos \u201ccontrolar la emigraci\u00f3n de personas infectadas a otros lugares de la entidad\u201d. Pero yo, que soy m\u00e1s novelero que historiador, primero me preocup\u00e9 por la reacci\u00f3n de la pobre gente a la que le estaban impidiendo pasar y huir de la muerte, y luego me re\u00ed, porque, conociendo el terreno, deduje que aun cuando s\u00ed les hubiesen impedido el paso por el tramo del Camino Real que iba a Manzanillo o a las salinas de Cuyutl\u00e1n, les quedaban expeditas otras opciones, como la de irse simplemente caminando por la orilla de la playa hacia Tecom\u00e1n e Ixtlahuac\u00e1n; como la de irse por el antiguo trazo del Camino Real, que pasaba por la gigantesca hacienda de Miraflores hacia el rancho de La Sidra y la hacienda de El Agua Zarca en Coquimatl\u00e1n; o por el camino de la hacienda de Santiago hacia El Mamey.<\/p>\n<p>El hecho, sin embargo, fue que la dichosa enfermedad ya se hab\u00eda infiltrado hacia la capital del estado y otros pueblos, viajando por ejemplo con algunos de los numerosos arrieros que llevaban la mercanc\u00eda recogida en el puerto no nada m\u00e1s a Colima y Guadalajara, sino incluso m\u00e1s lejos. Pero lo cierto, tambi\u00e9n, es que entre todo lo malo que se tuviese que contar, tambi\u00e9n hubo una feliz repercusi\u00f3n: me refiero a que algunos de los miembros ilustrados de las clases pudientes de Colima, que hab\u00edan tal vez le\u00eddo <em>\u201cEl Decamer\u00f3n\u201d,<\/em> de Giovanni Boccaccio, recordaron que en una parte de la novela, y ante la mort\u00edfera presencia de \u201cla peste\u201d, se menciona que algunos de sus protagonistas decidieron irse a las tierras altas del reino italiano en donde se desarroll\u00f3 la trama, logrando salvarse de la muerte. Y que, movidos por la misma idea, dichos paisanos decidieron salir de Manzanillo y Colima en busca de tierras m\u00e1s altas y un poco m\u00e1s fr\u00edas; eligiendo, entre otros lugares Comala, Alcaraces y Tonila, pero con m\u00e1s frecuencia, el diminuto pueblo de Guatimotzin (antes San Jer\u00f3nimo, y actualmente Cuauht\u00e9moc), en donde, una vez que transcurri\u00f3 la epidemia, y siendo muy baratos los grandes solares que se hab\u00edan puesto a la venta, algunos de los colimotes que hab\u00edan salvado su vida all\u00e1, decidieron comprar y comenzaron a edificar varias de las grandes casas que a\u00fan hoy se miran alineadas sobre la calle principal del bonito pueblo. Calle que no era otra cosas m\u00e1s que el tramo del Camino Real que por ah\u00ed pasaba.<\/p>\n<p>SURGIMIENO Y CLAUSURA DEL CEMENTERIO DE \u201cEL MORALETE\u201d. \u2013<\/p>\n<p>Vinculados con el anterior, hubo otro par de eventos que pudi\u00e9semos considerar como repercusiones del primer brote de la epidemia en Colima:<\/p>\n<p>El primero se remite a la apertura del \u201cPante\u00f3n de las V\u00edboras\u201d. Pero antes de hablar de este nuevo \u201crecinto\u201d (totalmente bald\u00edo), d\u00e9jenme recordarles que el surgimiento del primer Cementerio Municipal, ubicado en los terrenos de El Moralete, se debi\u00f3 tambi\u00e9n a otra mortandad: la que se produjo durante la epidemia de \u201cEl C\u00f3lera Grande\u201d, en 1833, que satur\u00f3 los camposantos del hospital y los templos.<\/p>\n<p>Pero la existencia de aquel primer cementerio civil no s\u00f3lo implic\u00f3 la condena o el rechazo de la gente cuyas creencias la llevaban a sepultar sus muertos en terrenos sagrados (o camposantos), sino que, estando situado el nuevo en el extremo oriente de la ciudad, el traslado de los difuntos hacia all\u00e1 se le dificult\u00f3 mucho a los deudos y familiares que resid\u00edan m\u00e1s all\u00e1 del centro, o en cualesquiera de los barrios situados en las otras orillas.<\/p>\n<p>Aparte de lo anterior, debo precisar que por aquel tiempo no hab\u00eda carrozas que brindaran el servicio del traslado de los cad\u00e1veres, y que, por si fuera poco, no todas las familias ten\u00edan suficientes recursos para rentar un carret\u00f3n que les ayudara a transportar a sus muertos hacia sus tumbas, y deb\u00edan llevarlos cargando en hombros.<\/p>\n<p>La tercera y \u00faltima dificultad consist\u00eda en que, no habiendo sobre la actual calle Madero (que era entonces La Calle Principal) un puente para cruzar la barranquilla del arroyo El Manrique, los porteadores o cargadores de los cuerpos de los difuntos (raras veces llevados en cajones de madera, y muchas veces envueltos en petates o en cobijas amarradas), se ve\u00edan obligados a bajar por la empinada vereda hacia el fondo de la barranquilla, donde, para no mojarse ten\u00edan que cruzar pisando sobre resbaladizas piedras, corriendo en cada ocasi\u00f3n el riesgo de caerse algunos, o caerse todos al agua con el muerto incluido, y lo mismo la comitiva de los dolientes que segu\u00eda detr\u00e1s.<\/p>\n<p>Peligro del que a partir de su cancelaci\u00f3n a finales de 1883, se libraron los acarreadores de los nuevos muertos.<\/p>\n<p>LA CARRETA DE LA MUERTE. \u2013<\/p>\n<p>Seg\u00fan lo narr\u00f3 el profesor Francisco Hern\u00e1ndez Espinosa en <em>\u201cEl Colima de Ayer\u201d,<\/em> fue m\u00e1s de una ocasi\u00f3n en la que los mencionados transportadores de cad\u00e1veres terminaron ca\u00eddos, mojados e incluso divertidos (o heridos) al intentar cruzar la corriente de El Manrique, pero igual sugiere que, tal vez porque consider\u00f3 que la apertura de un nuevo pante\u00f3n era una buena oportunidad para mejorar el traslado de los cuerpos desde sus casas, un regidor del Ayuntamiento de Colima tuvo la feliz ocurrencia de proponer al Cabildo que se buscara el modo de adquirir un carro funerario de apariencia digna, como los que se ve\u00edan en la ciudad de M\u00e9xico y en las principales de Estados Unidos y Europa.<\/p>\n<p>La propuesta fue aprobada y se comenzaron a buscar precios y cotizaciones, adquiri\u00e9ndose uno, finalmente, en el puerto de San Francisco, California, que obviamente lleg\u00f3 a Manzanillo por barco, y supongo que jalado despu\u00e9s con mulas por el arenoso camino que hab\u00eda entonces entre las dunas del mar y la laguna de Cuyutl\u00e1n hasta la hacienda de La Armer\u00eda, y despu\u00e9s, pasado sabr\u00e1 Dios c\u00f3mo, por el R\u00edo Grande, frente a Periquillos, para a partir de all\u00ed, llegar primero a Caleras, luego a Coquimatl\u00e1n y finalmente a Colima.<\/p>\n<p>Aquel carro funerario asumir\u00eda en 1884 el car\u00e1cter de un espantoso artefacto, porque, al crecer el n\u00famero de los abatidos por la epidemia, hubo algunos d\u00edas en que llev\u00f3 un mont\u00f3n de muertos en cada uno de los viajes que en el <em>\u201cestreno\u201d<\/em> del nuevo cementerio. Mismo que, seg\u00fan datos recogidos por el arquitecto Roberto Huerta San Miguel, en su libro <em>\u201cEl camposanto de Las V\u00edboras, una historia sepultada\u201d,<\/em> se comenz\u00f3 a utilizar \u201cel primero de enero de 1884, con la sepultura del ni\u00f1o Jos\u00e9 Isabel Rodr\u00edguez, de s\u00f3lo dos a\u00f1os, fallecido a causa de una diarrea.<\/p>\n<p>Roberto tuvo oportunidad de revisar una publicaci\u00f3n que yo no conozco y \u00e9l atribuye a don Remigio Rodr\u00edguez, quien era por entonces el administrador del pante\u00f3n. En donde se afirma que, de las 36 personas fallecidas en Colima y sus rancher\u00edas \u201cdurante los d\u00edas del 1\u00b0 al 11 de octubre\u201d (cuando la creciente del arroyo de Los Sabinos desenterr\u00f3 algunos cuerpos del pante\u00f3n de El Moralete), nada m\u00e1s 11 fueron v\u00edctimas de la fiebre; 3 de tuberculosis; 3 de eclampsia; 1 de gangrena; 3 de diarrea; 1 de hidropes\u00eda; 1 de meningitis; 1 de epilepsia; 1 de hepatitis; 2 por heridas; 2 de parto; 3 de sarampi\u00f3n y 4 beb\u00e9s \u201cal nacer\u201d. Pero que fueron tantas, sin embargo, las defunciones que provoc\u00f3 la fiebre amarilla en su rebrote del verano del 84 que, habiendo comenzado en junio con un solo caso, y tres en julio, en la ciudad de Colima; en agosto se registraron 59; en septiembre 259 y en octubre 242, comenzando a declinar en noviembre con 78, y 11 para cerrar diciembre. Sumando 653 v\u00edctimas s\u00f3lo en la ciudad de Colima, mientras que seg\u00fan Dhylva Casta\u00f1eda, en el pueblo vecino de Coquimatl\u00e1n muri\u00f3 un tercio de sus habitantes.<\/p>\n<p>Si uno compara las cifras de los muertos con el n\u00famero de colimotes que hab\u00eda en aquellos a\u00f1os, la comparaci\u00f3n resulta pavorosa. Pero de alg\u00fan modo nos ilumina saber que una buena parte de cuanto ocurri\u00f3 ese a\u00f1o, se debi\u00f3 a que desde las orillas sur de la ciudad (por el rumbo donde m\u00e1s tarde estuvo la famosa \u201cfinca de El T\u00edvoli\u201d), hasta el cercano pueblo de Coquimatl\u00e1n se sol\u00eda cultivar arroz al estilo oriental, lo que equivale a decir en potreros encharcados, en donde proliferaron por millones los mosquitos que portaban el virus mortal.<\/p>\n<p>MEDIDAS DESESPERADAS PARA UNA SITUACI\u00d3N IGUALMENTE DESESPERADA. \u2013<\/p>\n<p>Como consecuencia de tantas personas muertas y enfermas que hubo durante 1884 en Colima, se tuvieron que incrementar las plazas de sepultureros, se autorizaron dos m\u00e9dicos m\u00e1s, se les aument\u00f3 el salario a los empleados del Hospital Civil para que se animaran a seguir trabajando, y se integr\u00f3 una especie de <em>comisi\u00f3n de arrastre<\/em> que pasaba casa por casa a recoger los cuerpos de los reci\u00e9n fallecidos para sepultarlos inmediatamente, sin dar tiempo para misas ni para velorios; provocando con ello que algunas de las familias dolientes escondieran los cad\u00e1veres a <em>la comisi\u00f3n<\/em>, para poder velarlos decentemente.<\/p>\n<p>El padre Mariano Tranquilino Ahumada, p\u00e1rroco de San Felipe de Jes\u00fas, o <em>El Beaterio<\/em>, y t\u00edo, seg\u00fan parece de mi abuelo Nicasio Ahumada Ponce, hizo las veces de cronista de la enfermedad que estamos comentando, y como tal escribi\u00f3 una cr\u00f3nica en la que anot\u00f3 numerosos pormenores al respecto. Pero de la que s\u00f3lo voy a citar ahorita dos p\u00e1rrafos para que podamos tener una idea de la sensaci\u00f3n que dicha peste provoc\u00f3 entre nuestros antiguos paisanos:<\/p>\n<p>\u201cComenz\u00f3 a correr agosto y entonces s\u00ed ya no fue posible mantener bajo car\u00e1cter a la aterradora enfermedad&#8230;<\/p>\n<p>\u201cEl apremio se apodera de las familias, huyen cuantas pueden a lo lejos y, con especialidad a las poblaciones vecinas como Tonila, Almoloyan, Comala, San Jer\u00f3nimo y rancher\u00edas; y en Colima, va la enfermedad llevando como a destajo barrios, sin pasar a otros, y fij\u00e1ndose especialmente en el litoral del arroyo, llamado R\u00edo Chiquito\u201d.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-24805 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24806'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"399\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/01-angela-peralta.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24806\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/01-angela-peralta.jpg 768w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/01-angela-peralta-300x187.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24806'>\n\t\t\t\tElla fue la famosa cantante \u00c1ngela Peralta, quien, a bordo de un vapor pas\u00f3 por Manzanillo en julio de 1883, y falleci\u00f3 en Mazatl\u00e1n, v\u00edctima de la fiebre amarilla.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24807'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"339\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/02-california-pacifi-mail-steamship-company.png\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24807\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/02-california-pacifi-mail-steamship-company.png 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/02-california-pacifi-mail-steamship-company-300x159.png 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/02-california-pacifi-mail-steamship-company-768x407.png 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24807'>\n\t\t\t\tDos veces a la semana pasaban vapores como \u00e9ste por Manzanillo. Y a ellos se les llam\u00f3 entonces \u201cLos barcos de la muerte\u201d.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24808'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"384\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/03.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24808\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/03.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/03-300x180.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/03-768x461.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24808'>\n\t\t\t\t.- Para ayudar a los deudos a trasladar a sus difuntos, el Ayuntamiento de Colima mand\u00f3 comprar en San Francisco, California, \u201cun digno carro f\u00fanebre\u201d, pero no creo que haya sido \u00e9ste.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24809'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"867\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/04.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24809\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/04.jpg 664w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/04-221x300.jpg 221w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24809'>\n\t\t\t\tPor aquel tiempo inici\u00f3 la costumbre de que las familias (que jam\u00e1s se hab\u00edan retratado ni siquiera en fiestas) se tomaran una \u201cfoto del recuerdo\u201d con sus difuntos.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00e9ptima parte Abelardo Ahumada EL SEGUNDO BROTE DE LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA. \u2013 Pese a todo lo que llevamos visto, nunca ocurri\u00f3 que durante el brote de la epidemia de \u201cfiebre amarilla\u201d 0acaecido en 1883, los sepultureros se vieran imposibilitados para \u201ccavar las fosas necesarias\u201d en el cementerio municipal. 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