{"id":24907,"date":"2022-11-08T23:20:10","date_gmt":"2022-11-09T05:20:10","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24907"},"modified":"2022-11-08T23:21:10","modified_gmt":"2022-11-09T05:21:10","slug":"sismos-pestes-y-vendavales-en-colima-y-sus-alrededores-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=24907","title":{"rendered":"Sismos, pestes y vendavales en Colima y sus alrededores"},"content":{"rendered":"<p>Octava parte<\/p>\n<p>COMO UNA NOVELA DE TERROR<\/p>\n<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>SURGIMIENTO DE LA DI\u00d3CESIS DE COLIMA. \u2013<\/p>\n<p>Para que se entienda mejor el contexto en que se llev\u00f3 a cabo la relaci\u00f3n del hechos que sobre la fiebre amarilla de 1883 y 1884 hizo el padre Mariano Tranquilino Ahumada, quiero precisar a los lectores que, desde finales de agosto de 1795, por disposici\u00f3n pret\u00e9rita de un rey de Espa\u00f1a que ya para ese a\u00f1o hab\u00eda fallecido, todas las parroquias que restaban de la antigua Provincia de Colima dejaron de pertenecer al Obispado de Michoac\u00e1n y pasaron a formar parte del de Guadalajara. Permaneciendo en tales condiciones hasta el 11 de diciembre de 1881, cuando el Papa Le\u00f3n XIII decidi\u00f3 publicar una bula mediante la que erigi\u00f3 la nueva di\u00f3cesis de Colima.<\/p>\n<p>En aquella \u00e9poca, sin embargo, las comunicaciones y los traslados entre Europa y M\u00e9xico segu\u00edan siendo muy lentos, en barco, por lo que la noticia tard\u00f3 en llegar. Y no fue sino hasta el 18 de noviembre de 1882 cuando, comisionado por el obispo tapat\u00edo, Pedro Loza, el padre Luis Michel arrib\u00f3 a Colima para hacer efectiva la decisi\u00f3n papal.<\/p>\n<p>El padre Michel hab\u00eda sido el primer rector del Seminario Conciliar de esta localidad, y en aquel momento era un cl\u00e9rigo prominente del obispado tapat\u00edo, fungiendo como Arcediano de la Catedral de Guadalajara, y lleg\u00f3 aqu\u00ed con todo el poder para hacer los cambios y movimientos que considerara necesarios.<\/p>\n<p>No tengo conocimiento de ning\u00fan escrito que describa el recibimiento que se le dio al tambi\u00e9n Vicario del Obispo de Guadalajara, pero s\u00ed hay uno que nos indica que el d\u00eda siguiente (19 de noviembre) tom\u00f3 tres importantes decisiones: darle, en primer t\u00e9rmino, el car\u00e1cter de Catedral (provisional) al templo de San Felipe de Jes\u00fas, mejor conocido como \u201cEl Beaterio [\u2026] por estar en construcci\u00f3n el templo que deb\u00eda serlo\u201d. Remover, en segundo, al padre Mariano Tranquilino, p\u00e1rroco hasta ese momento de Almoloyan (como se le segu\u00eda diciendo a Villa de \u00c1lvarez) al curato de San Felipe, y tercero, designar a \u00e9l mismo como \u201cVicario Gobernador\u201d en tanto se hiciera presente el primer obispo.<\/p>\n<p>Y ese primer obispo, tambi\u00e9n por decisi\u00f3n papal escrita el 15 de marzo de 1883, fue el sacerdote Francisco Melit\u00f3n Vargas, oriundo de Ahualulco, Jalisco; antiguo p\u00e1rroco de Santa Ana Acatl\u00e1n y muy reconocido catedr\u00e1tico y orador, quien \u201cfue consagrado el 27 de mayo de ese mismo a\u00f1o\u201d, en la ya entonces \u201cIglesia Metropolitana de Guadalajara\u201d. Aunque s\u00f3lo pudo trasladarse a tomar posesi\u00f3n de su cargo en Colima, a finales de junio siguiente, en donde fue muy solemnemente recibido por su \u201cclero diocesano\u201d y la feligres\u00eda el d\u00eda 25.<\/p>\n<p>En su papel de \u201cVicario Gobernador\u201d le toc\u00f3 al padre Ahumada oficiar en la recepci\u00f3n del prelado, y entregarle, como quien dice, las llaves de la Catedral provisional, celebr\u00e1ndose cuatro d\u00edas despu\u00e9s la misa solemne en el templo que, ya casi totalmente terminado, se convertir\u00eda en la Catedral definitiva.<\/p>\n<p>Y si decid\u00ed mencionar todos estos detalles fue porque antes de que el Se\u00f1or Obispo Vargas cumpliera el primer mes de haber asumido la responsabilidad como tal, empezaron a suscitarse en Manzanillo las primeras, extra\u00f1as muertes con que se estaba \u201cinaugurando\u201d la entonces desconocida epidemia, y porque un a\u00f1o despu\u00e9s, cuando se produjo el segundo brote, y la enfermedad cobr\u00f3 especial virulencia, el obispo asumi\u00f3 una conducta ejemplar frente a su clero y la gente del pueblo, hasta caer \u00e9l mismo tan enfermo que a punto estuvo de morir. Pero no nos adelantemos otra vez y \u201coigamos\u201d mejor qu\u00e9 es lo que nos refiri\u00f3 del caso el p\u00e1rroco de San Felipe Colima, convertido en involuntario cronista de la devastadora epidemia.<\/p>\n<p>Dice Jos\u00e9 Miguel Romero de Sol\u00eds, ex director del Archivo Hist\u00f3rico del Municipio de Colima, que el texto que vamos a intentar resumir, obra del padre Mariano Tranquilino Ahumada, se lo proporci\u00f3n el padre Jes\u00fas Michel Isordia, al que a muchas personas de mi edad y m\u00e1s nos toc\u00f3 conocer como Vicario de al menos otros tres obispos.<\/p>\n<p>En uno de sus p\u00e1rrafos el padre Ahumada advirti\u00f3 a sus posibles lectores que a \u00e9l tambi\u00e9n le toc\u00f3 contagiarse con la fiebre amarilla en septiembre de 1884, que su caso fue muy grave, que se medio recuper\u00f3 en noviembre y que termin\u00f3 de redactar el texto el \u00faltimo d\u00eda de ese mismo a\u00f1o. Todo esto a pesar de que, como secuela del padecimiento, \u00e9l sent\u00eda que a\u00fan estaba muy trastornada su cabeza. Advertencia pertinente y nada ociosa porque en el desarrollo de su escrito lo mismo se perciben algunos p\u00e1rrafos muy l\u00facidos y claros junto con otros bastante confusos y llenos de lo que hoy llamar\u00edamos faltas de ortograf\u00eda. Hechos por los cuales Romero de Sol\u00eds se vio en la necesidad de darle una muy buena revisi\u00f3n y de cotejar sus datos con otros documentos. Hechos que por mi parte veo como una novela de terror y en los que pondr\u00e9 mucho cuidado al intentar resumir para ustedes:<\/p>\n<p>LAS PRIMERAS NOTICIAS DE LA EPIDEMIA. \u2013<\/p>\n<p>Seg\u00fan, pues, la versi\u00f3n del padre Mariano, todav\u00eda se hallaban nuestros bisabuelos \u201cembriagados\u201d por la alegr\u00eda de que Colima finalmente fuera di\u00f3cesis y tuviera su primer obispo, \u201ccuando se nos comenz\u00f3 a decir que\u201d una rara y mort\u00edfera enfermedad (a la que ese tiempo no se le llamaba a\u00fan fiebre amarilla), \u201catacaba a los habitantes de Manzanillo y otros puertos del litoral del Pac\u00edfico\u201d.<\/p>\n<p>El tel\u00e9grafo ya estaba funcionando desde 14 a\u00f1os atr\u00e1s, y fue en septiembre de 1883, cuando por un telegrama que envi\u00f3 el padre Manuel de la Concepci\u00f3n Ram\u00edrez, p\u00e1rroco de Manzanillo, en Colima se enteraron \u00e9l y el obispo de \u201cque la fiebre progresaba [en el puerto] a\u00fan entre los miembros de su misma familia\u201d, y m\u00e1s tarde, por otro, que \u00e9l hab\u00eda sido \u201catacado por la peligros\u00edsima enfermedad\u201d.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los cl\u00e9rigos colimotes estaban en esos d\u00edas realizando ejercicios espirituales bajo la gu\u00eda del obispo Vargas, y \u00e9ste, sabiendo que entre ellos se hallaba uno de mediana edad y excelente condici\u00f3n f\u00edsica, que durante varios a\u00f1os hab\u00eda sido p\u00e1rroco porte\u00f1o, lo comision\u00f3 para que fuera a auxiliar al padre Ram\u00edrez.<\/p>\n<p>El enviado se llamaba Esteban Lara, y ning\u00fan reparo puso a la designaci\u00f3n, traslad\u00e1ndose a Manzanillo el mismo d\u00eda en que concluyeron los ejercicios, permaneciendo all\u00e1 con much\u00edsimas dificultades, realizando un servicio ejemplar hasta que, habiendo enfermado tambi\u00e9n, ya no pudo hacerlo.<\/p>\n<p>Por su parte, el gobernador en turno (creo que era don Gildardo G\u00f3mez) envi\u00f3 a un par de \u201cfacultativos\u201d a trabajar tambi\u00e9n all\u00e1. Y entre ellos y otros dos m\u00e9dicos que ah\u00ed viv\u00edan, estuvieron durante los primeros meses tratando de curar con quinina a los enfermos, porque no se conoc\u00eda otro modo para atajar o curar la enfermedad que, seg\u00fan eso, \u201cse enmascaraba\u201d asumiendo los s\u00edntomas de otras enfermedades tropicales.<\/p>\n<p>Y tan grave fue el asunto que hubo un momento en el que \u201clos caritativos m\u00e9dicos ya no pudieron sostenerse en pie y abandonaron Manzanillo\u201d, qued\u00e1ndose uno en Tecom\u00e1n y muriendo otro a los pocos d\u00edas de haber vuelto a Colima, en donde varios de sus familiares y vecinos se enfermaron tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Afortunadamente concluy\u00f3 diciembre y con el poco fr\u00edo que pegaba disminuy\u00f3 el contagio hasta el grado de dar la impresi\u00f3n de que la epidemia hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>As\u00ed lleg\u00f3 la cuaresma de 1884, y con relaci\u00f3n a ello, dice el padre Mariano que una gran parte de los habitantes de Colima, sinti\u00e9ndose tal vez liberados de las tensiones que hab\u00edan padecido el a\u00f1o anterior, comenzaron a experimentar algo que s\u00f3lo se podr\u00eda describir como una vor\u00e1gine \u201cde pasiones\u201d, pues dieron \u201crienda suelta a su desenfreno\u201d. Condici\u00f3n que por alguna inexplicable coincidencia aprovecharon \u201calgunas compa\u00f1\u00edas de farsantes\u201d que, procedentes de otras ciudades llegaron a Colima en tan grande n\u00famero que \u201cfaltaban locales para sus representaciones teatrales\u201d y la gente andaba metida en ellas, participando adem\u00e1s \u201cen circos, serenatas, pastorelas y tapadas de gallos\u201d con tal entusiasmo y despreocupaci\u00f3n como el p\u00e1rroco no hab\u00eda visto nunca. Circunstancia que lo oblig\u00f3 a buscar el modo de frenar aquel \u201cfrenes\u00ed\u201d mediante pr\u00e9dicas y admoniciones que en buena medida resultaron infructuosas.<\/p>\n<p>Pero cuando lleg\u00f3 junio, arreciaron los calores y se presentaron las primeras lluvias, la enfermedad resurgi\u00f3 con tal fuerza como si fuera \u201cobra de un castigo divino para tantos pecados cometidos\u201d, y no pocos dieron se\u00f1ales de estar arrepentidos.<\/p>\n<p>El hecho fue que en ese mes comenzaron a darse de nuevo los primeros brotes \u201centre los pobres siempre desconocidos\u201d, y en julio \u201ca darse casos entre personas de distinci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>\u201c[Pero] comenz\u00f3 a correr agosto y entonces s\u00ed ya no fue posible mantener bajo car\u00e1cter a la aterradora enfermedad&#8230;<\/p>\n<p>\u201cEl apremio se apodera de las familias, huyen cuantas pueden a lo lejos y, con especialidad a las poblaciones vecinas como Tonila, Almoloyan, Comala, San Jer\u00f3nimo (hoy Cuauht\u00e9moc) y rancher\u00edas; y en Colima, va la enfermedad llevando como a destajo barrios, sin pasar a otros, y fij\u00e1ndose especialmente en el litoral del arroyo, llamado R\u00edo Chiquito\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl mal crece&#8230; y la tan lamentable fiebre se pasea por la ciudad, como guiada de inteligencia, pues se recog\u00edan (se acostaban, se iban a dormir) las familias, enteramente buenas (sanas), y despertaban a tales horas de la noche con el lamento de algunos de sus miembros\u201d.<\/p>\n<p>La fiebre ya no respet\u00f3 a ning\u00fan miembro de la sociedad, y \u00a0sin importar de la clase que fuera, murieron cl\u00e9rigos, pol\u00edticos, hacendados, comerciantes, gente adinerada y pobres por todas partes.<\/p>\n<p>Todos los curas \u2013 dice el padre Ahumada- ten\u00edan miedo a contagiarse; pero como el obispo, sin titubear y sin manifestar ning\u00fan temor no escatimaba oportunidad para \u201csacramentar a los enfermos\u201d y ayudar a los necesitados, ellos, siguiendo su ejemplo, empezaron a agarrar valor, vencieron sus temores y se empe\u00f1aron a hacer lo propio.<\/p>\n<p>LA VALENT\u00cdA DEL OBISPO VARGAS. \u2013<\/p>\n<p>A mediados de septiembre Manzanillo se qued\u00f3 como quien dice sin sacerdotes, porque los dos que all\u00ed estaban se pusieron tan graves que ya no pod\u00edan trabajar, y entonces, entendiendo el obispo que dar la orden para que cualesquiera de los otros tuviesen que ir a sustituirlos equival\u00eda a emitir sus sentencias de muerte, decidi\u00f3 no enviar a ninguno e irse \u00e9l en lugar de cualquier otro.<\/p>\n<p>As\u00ed, el d\u00eda 18, el prelado (que contaba con 52 a\u00f1os cumplidos) escribi\u00f3 un recado y una carta, los dobl\u00f3 y los dej\u00f3 en alg\u00fan espacio donde el padre Ahumada los pudiera ver y, teniendo el cuidado de que nadie se diera cuenta de lo que estaba haciendo, a eso de las dos de la tarde, cuando las calles estaban vac\u00edas por ser la hora de comer y por la resolana, sali\u00f3 del curato, cruz\u00f3 la calle hacia la plaza, abord\u00f3 a uno de los carruajes que sol\u00edan estar all\u00ed para lo que se ofreciera y le pidi\u00f3 al cochero que lo sacara de la ciudad<\/p>\n<p>Pasada la siesta el padre Tranquilino encontr\u00f3 el recado y un sobre en el que, sin mayores explicaciones, su pastor le dec\u00eda que se habr\u00eda \u00e9l de quedar al cargo del gobierno de la di\u00f3cesis mientras regresaba.<\/p>\n<p>El desconcierto cundi\u00f3 entre los dem\u00e1s curas de la ciudad, puesto que ninguno estaba enterado de nada. Pero a las 7 regres\u00f3 el cochero que hab\u00eda transportado al se\u00f1or Vargas y, como era el \u00fanico que no estuvo durante la tarde en la plaza, le preguntaron si hab\u00eda visto al obispo, y \u00e9ste les contest\u00f3 que s\u00ed, y que lo hab\u00eda ido a dejar a la hacienda de Tecolapa.<\/p>\n<p>Los curas entendieron, entonces, que el prelado ten\u00eda la intenci\u00f3n de ir \u00e9l mismo hasta Manzanillo, y como a esa hora ya hab\u00eda cundido el arg\u00fcende, algunos civiles se hab\u00edan acercado a ellos. Por lo que, aprovechando su presencia, les pidieron a algunas personas pudientes el pr\u00e9stamo de sus mejores caballos y, acompa\u00f1ados por algunos de sus feligreses y amigos, dos de los curas m\u00e1s j\u00f3venes y fuertes partieron a galope hacia Tecolapa, a donde llegaron ya cerca de la media noche.<\/p>\n<p>Por lo que el documento indica parece que encontraron al obispo todav\u00eda despierto y conversando con el administrador o con algunas otras personas empleadas de la hacienda. De tal manera que los comisionados aprovecharon la oportunidad de platicar con \u00e9l y conocer su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Al obtener sus respuestas argumentaron cuanto pudieron para tratar de que volviera a Colima, pero el obispo se neg\u00f3 a hacerlo y a dar la orden de que ellos se fueran a Manzanillo en su lugar. Pero habiendo entendido ambos el porqu\u00e9 de tal actitud, decidieron correr el riesgo de desobedecer al prelado y, habiendo dormido s\u00f3lo unas pocas horas, los dos padres madrugaron para irse antes de que aqu\u00e9l despertara con direcci\u00f3n al puerto, para brindar su apoyo a los colegas.<\/p>\n<p>Pero al llegar a la hacienda de Paso del R\u00edo y cuando se dispon\u00edan a cruzar la caudalosa y violenta corriente del Armer\u00eda, no falt\u00f3 quien les informara que, ya casi al oscurecer de la d\u00eda anterior, el trenecito de v\u00eda angosta que ya para esos d\u00edas estaba funcionando entre el puerto y Colima, hab\u00eda pasado rumbo a dicha ciudad, tray\u00e9ndose a las \u00faltimas personas que quedaban vivas all\u00e1. Por lo que \u201cManzanillo se hab\u00eda quedado solo\u201d.<\/p>\n<p>No conozco, tampoco, ninguna otra nota o documento oficial que se refiera a este evento en particular, pero a\u00fan s\u00ed ello fue una \u201cmentira piadosa\u201d que los dichos curas armaron para disuadir al obispo, el padre Ahumada comenta que volvieron entonces hacia Tecolapa, y habi\u00e9ndose encontrado con el se\u00f1or Vargas en el camino, le contaron <em>la gran novedad<\/em> y s\u00f3lo fue entonces que el prelado decidi\u00f3 volver a su cabecera, donde, por cierto, a los pocos d\u00edas la epidemia se recrudeci\u00f3 y \u00e9l mismo fue \u201cvisitado por la inexorable (sic) enfermedad\u201d, ya que en su casa cayeron enfermos todos los auxiliares que lo apoyaban, junto con un joven estudiante de Guadalajara y una sobrina suya que hab\u00edan \u201cvenido a visitarlo\u201d y all\u00ed agonizaron.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-24907 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24908'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"412\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/1.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24908\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/1.jpg 947w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/1-300x193.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/1-768x494.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24908'>\n\t\t\t\t.- Cuando la fiebre amarilla tuvo el segundo brote y alcanz\u00f3 su mayor virulencia, el entonces peque\u00f1o puerto de Manzanillo se qued\u00f3 casi totalmente deshabitado.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24909'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"415\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/2.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24909\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/2.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/2-300x195.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/2-768x498.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24909'>\n\t\t\t\t.- El padre Mariano Tranquilino Ahumada afirma que en uno de aquellos terribles d\u00edas el trenecito de v\u00eda angosta transport\u00f3 a todas las personas que aun quedaban vivas en el puerto.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24910'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"398\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/3-1024x636.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24910\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/3-1024x636.jpg 1024w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/3-300x186.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/3-768x477.jpg 768w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/3-1536x955.jpg 1536w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/3.jpg 1720w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-24910'>\n\t\t\t\t.- Los dos curas se detuvieron en este antiguo paraje: en la derecha de la foto estaba la Hacienda de Paso del R\u00edo, mientras que en la parte izquierda todav\u00eda se ven algunas ruinas del casco de la Hacienda de Periquillos.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon portrait'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=24911'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"516\" height=\"720\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/4-obispo-francisco-meliton-vargas.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-24911\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/4-obispo-francisco-meliton-vargas.jpg 516w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/4-obispo-francisco-meliton-vargas-215x300.jpg 215w\" sizes=\"(max-width: 516px) 100vw, 516px\" 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