{"id":25667,"date":"2023-01-10T21:21:45","date_gmt":"2023-01-11T03:21:45","guid":{"rendered":"http:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=25667"},"modified":"2023-01-10T21:22:45","modified_gmt":"2023-01-11T03:22:45","slug":"historia-y-recuerdos-del-predio-de-san-cayetano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?p=25667","title":{"rendered":"Historia y recuerdos del predio de San Cayetano"},"content":{"rendered":"<h3>Segunda parte<\/h3>\n<p>Abelardo Ahumada<\/p>\n<p>UN VIAJE MUY LARGO. \u2013<\/p>\n<p>El hecho de saber que la maquinaria de la F\u00e1brica de Hilados y Tejidos de San Cayetano fue \u201ctra\u00edda de Fall River, en los Estados Unidos\u201d, me gener\u00f3 varias preguntas. La primera fue: \u00bfD\u00f3nde estaba ubicada esa poblaci\u00f3n de la que yo nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar y de la que tampoco hab\u00eda le\u00eddo nada? La segunda: \u00bfC\u00f3mo pudieron, en 1840, los socios de la futura factor\u00eda enterarse de la existencia de ese lugar? Tercera: \u00bfQui\u00e9n, en su caso, se los inform\u00f3? Y, por \u00faltimo, \u00bfc\u00f3mo fue que la maquinaria lleg\u00f3 a Colima?<\/p>\n<p>Cuando surgieron todas esas interrogantes no tuve tiempo para indagar y tratar de resolverlas; pero ahora que retom\u00e9 el tema, y que ya contamos con la maravillosa herramienta que para este tipo de casos es la Internet, el hallazgo de la primera respuesta me result\u00f3 relativamente f\u00e1cil, puesto que bast\u00f3 anotar el nombre de Fall River en el \u201cbuscador\u201d de Google, para enterarme de que se trata de una peque\u00f1a ciudad porte\u00f1a ubicada en el estado de Massachusetts. Lo que significa que est\u00e1 muy al norte del continente, pero no demasiado lejos de la antigua y elegante ciudad de Boston, capital de dicho estado.<\/p>\n<p>La segunda y la tercera respuestas, sin embargo, implicaron una mayor dificultad, pero como el profesor Francisco Hern\u00e1ndez Espinosa hab\u00eda escrito que, en la d\u00e9cada que estamos comentando, \u201chab\u00eda en Colima una colonia de extranjeros\u201d (en la que\u00a0 predominaban los estadounidenses), decid\u00ed encaminar mi indagaci\u00f3n en esa misma l\u00ednea, encontr\u00e1ndome, gracias a \u00e9l mismo, que un tal se\u00f1or Robert Barney (que en realidad era Albert) ten\u00eda una propiedad rural muy bonita, no demasiados lejos del bello predio de San Cayetano.<\/p>\n<p>Ya con esa pista segu\u00ed buscando, y los investigadores Servando Ortoll y Jos\u00e9 Luis Larios me brindaron los dos datos que me faltaban: Ortoll diciendo que \u201cAlbert Barney era un ciudadano de Massachusetts\u201d. Y Larios mencionando que dicho se\u00f1or, ingeniero de profesi\u00f3n, vino primero a M\u00e9xico en 1839, contratado por unos ingleses, para fundar un aserradero cerca de Sayula, Jalisco; y que despu\u00e9s se cambi\u00f3 a Colima, donde no s\u00f3lo conoci\u00f3 a don Ram\u00f3n R. de la Vega, sino que lleg\u00f3 a ser su amigo y \u201cuno de los superintendentes de la f\u00e1brica\u201d.<\/p>\n<p>Sobre la cuarta pregunta no hall\u00e9 ning\u00fan indicio escrito que me pudiese servir para saber c\u00f3mo y por d\u00f3nde la maquinaria en cuesti\u00f3n tuvo, forzosamente, que llegar a Manzanillo. Pero sabiendo que en esa \u00e9poca faltaba mucho para que se construyera el Canal de Panam\u00e1, que no hab\u00eda ferrocarril en M\u00e9xico y que los barcos m\u00e1s comunes y funcionales eran de vapor, supuse que fue tra\u00edda por mar en uno de esos barcos; que tuvo que atravesar casi todo el Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico de norte a sur, para poder dar vuelta hacia el Pac\u00edfico por el Estrecho de Magallanes, o por el Cabo de Hornos y finalmente \u201csubir\u201d, ahora en sentido inverso, para llegar al puerto colimote.<\/p>\n<p>TRABAJOS EN EL PLAY\u00d3N. \u2013<\/p>\n<p>Pero faltaba tambi\u00e9n saber c\u00f3mo lleg\u00f3 la maquinaria desde Manzanillo al predio elegido, y dado que no hay (o al menos no conozco) ninguna cr\u00f3nica que nos permita tener una idea de lo que pudo pasar, me detuve a pensar en los siguientes detalles: el primero consist\u00eda en que transportar 60 telares completamente armados tendr\u00eda que haber sido una carga muy bromosa que ocupar\u00eda demasiado espacio en los barcos que hab\u00eda en esa \u00e9poca; y, el segundo, ligado necesariamente con el anterior, era que en el remoto caso de que as\u00ed los hubiesen transportado por mar, una vez puestos en tierra ser\u00edan muy grandes y pesados como para que a cada uno lo pudiese cargar una mula. Por lo que deduje que los telares y las m\u00e1quinas complementarias ven\u00edan desarmados (o s\u00f3lo a medio armar), y que, junto con sus accesorios y las herramientas necesarias tendr\u00edan que haber llegado un instructivo muy preciso, y cuando menos un t\u00e9cnico que, representando a la empresa que los construy\u00f3, tuviese con los socios colimotes el compromiso de instalar (o ense\u00f1arles a instalar) las m\u00e1quinas y dejar la f\u00e1brica funcionando.<\/p>\n<p>Sobre esta base cab\u00eda suponer tambi\u00e9n que debieron de necesitarse varias recuas de cuarenta mulas para transportar todos los fardos desde Manzanillo hasta la orilla del R\u00edo Colima, pero como sent\u00ed que quedar\u00eda muy \u201cdesnudo\u201d el texto con s\u00f3lo escribir eso, decid\u00ed aprovechar lo que revelan algunas antiguas fotos y litograf\u00edas, y cierta informaci\u00f3n que s\u00ed se halla en los libros locales para realizar <em>\u201cun ejercicio imaginativo\u201d<\/em> que nos pudiese servir, a ustedes, lectores, y a m\u00ed, para \u201c<em>ver\u201d<\/em> la maniobra de descarga de la maquinaria en lo que era el play\u00f3n de aquel diminuto puerto, tal y como si nosotros hubi\u00e9semos estado presentes en aquel momento. \u201cEjercicio\u201d al que los invito a participar, poniendo como hipot\u00e9tico punto de arranque o referencia la fecha del 4 de octubre de 1841:<\/p>\n<p>El vapor estadounidense, provisto de una sola chimenea lleg\u00f3 al anochecer del d\u00eda 3, pero la notificaci\u00f3n de su pr\u00f3ximo arribo fue hecha desde varias semanas antes, y gener\u00f3 expectaci\u00f3n en los poqu\u00edsimos habitantes que hab\u00eda entonces en el diminuto puerto de El Manzanillo, puesto que la carga o descarga de los espor\u00e1dicos buques que llegaban all\u00ed significaba la posibilidad de que quienes participaran en ellas podr\u00edan recibir algunas monedas extra, que les permitieran adquirir productos o enseres con los que pudiesen llevar una vida menos dif\u00edcil.<\/p>\n<p>La proximidad del arribo del buque estadounidense hab\u00eda impulsado tambi\u00e9n a varias personas que habitaban en los ranchos y en las haciendas de las inmediaciones para estar presentes en lo que durara su estancia en la hermosa bah\u00eda, con la expectativa de que, como casi siempre ocurr\u00eda cada que llegaba un barco grande, pudiesen vender sus productos o adquirir otros de los que sol\u00edan traer de otros puertos los marineros. Y hab\u00edan llegado asimismo, un representante de los socios de la futura f\u00e1brica de San Cayetano, un pagador y cinco elementos armados que integraban la escolta que los acompa\u00f1aba.<\/p>\n<p>El vapor ech\u00f3 anclas a casi 200 metros del play\u00f3n y como por la falta de luz y lo lejos no se le no pod\u00eda distinguir su nombre, lo llamar\u00e9 \u201cEl Vapor X\u201d.<\/p>\n<p>El Manzanillo era, como dije, una poblaci\u00f3n muy peque\u00f1a y sin calles, con chozas que se desparramaban m\u00e1s all\u00e1 del arenal de la playa, o se encaramaban literalmente en las laderas de los cerros m\u00e1s cercanos.<\/p>\n<p>El puerto en cuanto tal no contaba con las instalaciones necesarias para el atraco de ning\u00fan nav\u00edo, por los que \u00e9stos, cuando recalaban all\u00ed, ten\u00edan que echar anclas, como lo hab\u00eda hecho el vapor, a corta distancia de la playa. Y bajar o subir su pasaje (o sus cargas) mediante el concurso de las cinco o seis lanchas de remos mejor construidas por el \u00fanico carpintero capaz que hab\u00eda entonces en aquella diminuta poblaci\u00f3n escondida entre la selva y el mar. Y fueron esas lanchas las que desde antes de que brillara el alba de aquel 4 de octubre, ya estaban listas para participar en las maniobras de descarga, mientras que sus due\u00f1os conversaban con el pagador y el representante de los socios de la futura f\u00e1brica respecto a sus emolumentos.<\/p>\n<p>Al empezar a brillar las primeras luces del d\u00eda las lanchas y unos 25 estibadores de piel oscurecida por el sol se fueron aproximando a los dos costados del barco para recibir los fardos que podr\u00edan llevar; mientras que en la playa, sobre un entarimado de palos atravesados que formaban una especie de sendero que les permit\u00eda caminar sin hundirse en la arena, habr\u00eda otros 30 m\u00e1s, igualmente morenos y escasos de ropa, esperando a que por turno las lanchas fueran depositando los pesados fardos en la orilla, para llev\u00e1rselos ellos junto a un jacal\u00f3n de madera que hab\u00eda en la parte m\u00e1s alta de la playa. Punto desde donde, una vez que se hubiesen cubierto los requisitos aduanales, los cargar\u00edan los arrieros que, durante dos largas y muy pesadas jornadas, los habr\u00edan de llevar posteriormente hasta Colima.<\/p>\n<p>Varios ni\u00f1os tripones estaban tambi\u00e9n expectantes de lo que pasaba, y se podr\u00eda decir que hasta las abuelas desdentadas y los encorvados abuelos estaban tambi\u00e9n atentos al movimiento que se gener\u00f3 aquella ma\u00f1ana, pues no eran muchas las ocasiones en que hab\u00eda tanto trabajo all\u00ed.<\/p>\n<p>Pero amodorrados ya cerca del mediod\u00eda, los dos celadores de la aduana dieron por concluida su funci\u00f3n y estamparon su sello tanto en la copia que conserv\u00f3 el capit\u00e1n del vapor, como en la que requiri\u00f3 el enviado de la futura f\u00e1brica.<\/p>\n<p>Luego sacaron, de una especie de ba\u00fal que ten\u00edan \u00a0en el cuartito que les serv\u00eda de oficina, unas botellas de vidro azul y, no teniendo, por el momento, ninguna otra cosa m\u00e1s en la cual ocuparse, se treparon en sendas hamacas y comenzaron a beber, adormeci\u00e9ndose poco a poco con los movimientos que sus propios cuerpos imprim\u00edan a sus camas colgantes, en tanto que, guareci\u00e9ndose del solazo bajo la sombra de un pitayo gigantesco que se levantaba al iniciar la ladera del cerro m\u00e1s pr\u00f3ximo, los cargadores se api\u00f1aron cerca de la mesa en que el pagador designado entregaba los pesos, los reales y los tlacos que les correspond\u00edan por sus esfuerzos. Todo eso bajo la mirada inquisitiva de los guardias armados.<\/p>\n<p>Muy cerca de ah\u00ed, y guarecido tambi\u00e9n bajo la sombra de un mango silvestre, un conocido traficante de mezcal que de tanto en tanto hac\u00eda su aparici\u00f3n en El Manzanillo, se relam\u00eda, por decirlo as\u00ed, sus arriscados bigotes, con la perspectiva de la extraordinaria ganancia que pensaba obtener al venderle a los muy cansados y sudorosos estibadores, el l\u00edquido embriagador que en sendas botijas peruleras hab\u00eda tra\u00eddo desde los espinosos magueyales del Llano Grande y, en efecto, no bien se vieron los cargadores con algunos centavos en sus manos, cuando, como si fuesen atra\u00eddos por un poderos\u00edsimo im\u00e1n, empezaron a caminar hacia el \u00e1rbol donde los esperaba el ambicioso vendedor.<\/p>\n<p>Para ese momento las mujeres de los morenos lancheros hab\u00edan hecho sus c\u00e1lculos y, conoci\u00e9ndolos, las m\u00e1s atrevidas les pusieron el ejemplo a las otras yendo a interceptar a sus hombres en demanda de una buena parte de la cantidad recibida, para que, brutos como eran, no se fueran a gastar toda la paga en el tenebroso trago.<\/p>\n<p>UNA NOCHE CON JARANA Y ARPA. \u2013<\/p>\n<p>Salidos de quien sabe d\u00f3nde no tardaron en aparecer un jaranero gigant\u00f3n, con su guitarrita de tres cuerdas, y un trovador enclenque de piel amarillenta, pal\u00fadica, que con notable esfuerzo cargaba un arpa sobre su espalda.<\/p>\n<p>Luego volvieron las se\u00f1oras con sus cr\u00edos, cargando balsas de bule llenas de tortillas calientes y tiznadas cazuelas plet\u00f3ricas de camarones y pescados fritos, y la fiesta se arm\u00f3 en grande.<\/p>\n<p>Al rato, en cuanto los primeros efectos del aguardiente empezaron a manifestarse en los asoleados cargadores, la sangre parec\u00eda que se agolpaba en sus rostros y, animados as\u00ed, empezaron a pedir a los m\u00fasicos que les amenizaran el rato con sus melod\u00edas, no faltando los acomedidos que, retirando unas partes de las tarimas sobre las que se caminaba en el arenoso play\u00f3n, improvisaron un caj\u00f3n para ponerse a bailar con sus mujeres y las tres mariposillas o alegradoras que, habiendo salido de su tugurio para hacer algo de dinero tambi\u00e9n, se hab\u00edan aproximado al grupo.<\/p>\n<p>La tarde comenz\u00f3 a pardear cuando hicieron su aparici\u00f3n las primeras de las cuarenta mulas cargadas que tra\u00edan sus fardos desde Colima, Guadalajara y algunos otros pueblos de por all\u00e1, para subirlos al vapor que, con su chimenea apagada, esperar\u00eda un par de d\u00edas m\u00e1s para recibir otros env\u00edos.<\/p>\n<p>Finalmente cerr\u00f3 la noche, la provisi\u00f3n de mezcal se termin\u00f3, los m\u00fasicos y las pirujillas desaparecieron, y s\u00f3lo quedaron en el play\u00f3n, derrumbados como troncos, los cargadores m\u00e1s borrachos (o m\u00e1s pesados) a los que nadie pudo o se quiso llevar.<\/p>\n<p>Tres o cuatro horas despu\u00e9s, el caponero de la recua, acostumbrado por su labor a madrugar, abri\u00f3 los ojos, mir\u00f3 las estrellas de la Osa Mayor para calcular por su posici\u00f3n la hora y, notando que ya eran las tres, empez\u00f3 a silbar una tonadita que le serv\u00eda para despertar al resto de los compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Entre v\u00f3mitos, orines y con un dolor de cabeza que les hac\u00eda sentir sus cr\u00e1neos rajados, algunos de los borrachos empezaron a despertar tambi\u00e9n, y no habiendo m\u00e1s medios con qu\u00e9 \u201ccur\u00e1rsela\u201d, se metieron al mar para sentirse un poco m\u00e1s a gusto con el fresco.<\/p>\n<p>Met\u00f3dicos y rutinarios, los arrieros empezaron a aparejar sus bestias y, ya teni\u00e9ndolas listas, \u00a0una por una las fueron llamando por sus nombres, para encimarles y atarles sobre sus poderosos y acostumbrados lomos, la carga que llevar\u00edan.<\/p>\n<p>No hicieron mucha falta los hachones de ocote en esa ocasi\u00f3n, pues el fulgor de las estrellas con el cielo totalmente despejado era suficiente hasta para ver, incluso a lo lejos, los perfiles de los cerros del otro lado de la bah\u00eda, y la negra figura de \u201cEl Vapor X\u201d meci\u00e9ndose con el leve vaiv\u00e9n de las olas.<\/p>\n<p>Poco antes de las cinco de aquella fresca madrugada, el jefe de los arrieros lanz\u00f3 un fuerte chiflido y, reaccionando a \u00e9ste como la se\u00f1al esperada, el viejano que montaba la yegua caponera le clav\u00f3 los talones en los ijares para que, acicateada por el miedo a recibir los primeros chicotazos del d\u00eda, el pobre animal saliera disparado, seguido por todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Durante varios minutos los borrachos chorreantes de agua estuvieron escuchando el tintineo del cencerro de la caponera y las mentadas de madre y otras palabras de grueso calibre con que los arrieros acuciaban a sus poderosas bestias. Pero poco a poco se fueron perdiendo sus rumores en la lejan\u00eda y s\u00f3lo volvi\u00f3 a percibirse, como amortiguado, el ruido caracter\u00edstico que las leves olas hac\u00edan al remover las piedrecillas que cubr\u00edan esa parte protegida de la playa.<\/p>\n<p>Continuar\u00e1.<\/p>\n<div id='gallery-1' class='gallery galleryid-25667 gallery-columns-3 gallery-size-large'><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25668'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"450\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-1.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25668\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-1.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-1-300x211.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-1-768x540.jpg 768w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-1-320x224.jpg 320w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/4-1-100x70.jpg 100w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25668'>\n\t\t\t\tHab\u00eda un tramo del antiguo camino de herradura en que se ten\u00eda que cruzar por la laguna infestada de caimanes. (Este dibujo creo que es de \u00c1lvaro Rivera, pero aparece en un libro del profesor Ricardo Guzm\u00e1n Nava, QPD).\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25669'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"464\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-aduana-maritima-evans-1869.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25669\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-aduana-maritima-evans-1869.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-aduana-maritima-evans-1869-300x217.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-aduana-maritima-evans-1869-768x556.jpg 768w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/3-aduana-maritima-evans-1869-510x369.jpg 510w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25669'>\n\t\t\t\tPara la \u00e9poca en que estamos refiri\u00e9ndonos, el edifico de la Aduana Mar\u00edtima no estaba as\u00ed, pero cosa de 25 a\u00f1os despu\u00e9s \u00e9ste es el aspecto que tuvo.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25670'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"420\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2-1.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25670\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2-1.jpg 900w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2-1-300x197.jpg 300w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/2-1-768x503.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25670'>\n\t\t\t\t.- En aquel tiempo no hab\u00eda en el puerto colimote un muelle que sirviera para que los nav\u00edos atracaran, y la carga y la descarga se realizaban mediante la participaci\u00f3n de lanchas de remos que viajaban entre \u00e9stos y la playa.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure><figure class='gallery-item'>\n\t\t\t<div class='gallery-icon landscape'>\n\t\t\t\t<a href='https:\/\/elobservatorio.com.mx\/?attachment_id=25671'><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"569\" height=\"334\" src=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1-1.jpg\" class=\"attachment-large size-large\" alt=\"\" aria-describedby=\"gallery-1-25671\" srcset=\"https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1-1.jpg 569w, https:\/\/elobservatorio.com.mx\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/1-1-300x176.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 569px) 100vw, 569px\" \/><\/a>\n\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<figcaption class='wp-caption-text gallery-caption' id='gallery-1-25671'>\n\t\t\t\tNo sabemos cu\u00e1nto tiempo dur\u00f3 la traves\u00eda del barco que transport\u00f3 los telares desde muy cerca de Boston a Manzanillo, pero se calcula que debieron ser semanas de viaje.\n\t\t\t\t<\/figcaption><\/figure>\n\t\t<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Segunda parte Abelardo Ahumada UN VIAJE MUY LARGO. \u2013 El hecho de saber que la maquinaria de la F\u00e1brica de Hilados y Tejidos de San Cayetano fue \u201ctra\u00edda de Fall River, en los Estados Unidos\u201d, me gener\u00f3 varias preguntas. 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